Cartas oceánicas

Bolt: el último eslabón

La trayectoria de Usain Bolt está divida en épocas, cada una de ellas señalada por victorias inapelables frente a los rivales más temibles en la historia del atletismo. La primera significó el triunfo sobre el tiempo, en ella, estableció dos marcas inhumanas. Pasó por encima de nuestra naturaleza como una fuerza desconocida para los físicos, genetistas y especialistas. Aquellos tiempos dominados por Bolt, lo elevaron hasta una cima aterradora para cualquiera, ahora existía un hombre capaz de derrotar a todos los hombres. Un corredor inusual había desatado una discusión común: ¿Establecía Usain Bolt los nuevos límites del género humano? El estudio de un deportista como el prototipo de su especie, ha sido motivo suficiente para entender el lugar que ocupa, no sólo en la historia del deporte, sino en la historia de la humanidad. La segunda época llega cuando Bolt, disminuido por el tiempo, empieza a enfrentar rivales de la misma especie. Vence a Yohan Blake, Tyson Gay, Asafa Powell y Justin Gatlin, en Campeonatos Mundiales y Juegos Olímpicos. En todas las finales donde enfrentó atletas de explosividad mecánica, corredores diseñados para atacarlo, se impuso con las más humana de las cualidades: ganaba viniendo de atrás. Vencido el tiempo y vencidos los hombres, Bolt enfrenta su última etapa. A partir de ayer, cuando inaugura la tercera de sus grandes épocas, empieza a vencer todas las sospechas que pesan sobre el atletismo. Las acusaciones de dopaje que terminaron confirmándose en toda una generación de rivales, no han podido alcanzarlo. Ésta será la victoria más valiosa de su carrera: Bolt comprobará al retirarse, que no era un moderno producto de laboratorio, sino el eslabón más avanzado de nuestra evolución.

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