Cartas oceánicas

Barça.com

El Barça de nuestra época viajó a la velocidad de las redes sociales, ningún equipo en la historia del fútbol gozó de tanta difusión. Ni el Scratch, la Naranja Mecánica o el Milán de Sacchi disfrutaron la inmediatez que hoy acompaña una jugada hereditaria o un gol patrimonial. El Barça que construyeron Guardiola, Xavi, Iniesta y Messi es eso, un capital emocional distribuido por internet al planeta entero. Así, la justicia deportiva que en el campo merecía tan popular admiración se transmitió a nuevos millones de aficionados que adoptaron este equipo como suyo. Ésta es la era del Barça, por los modales con que juega (o jugaba), pero también por la penetración que los nuevos medios le ofrecieron. De la misma forma el escándalo por los contratos fantasma de Neymar, otro fenómeno fan en redes, multiplica la información que alrededor del Barça rebota en contra. El caso de uno entre 100 mil socios, Jordi Cases, propietario de una mínima parte del club, pero propietario al fin, que pidió a su presidente Sandro Rosell, electo democráticamente, conocer las cifras del contrato de Neymar, estalló con la misma fuerza que los triunfos del equipo. El portentoso Barça de las redes sociales enfrenta mundialmente el cómputo en tiempo real que la web propone. Una tecnología de doble filo. Nunca habrían llegado tan lejos ni tan cerca sus hazañas como sus errores. Ahora, expuestos a la desilusión o la miseria de un club de tamaños universales pero que obvió rendir cuentas entre particulares, el Barça, dejó de ser propiedad de los catalanes cuando se volvió universal. Rosell no lo entendió. Ni los padres, primos y sobrinos de Neymar. Unos vendieron el alma al diablo y otros, la compraron. A ver quién da “Like” y “RT” a eso.  

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