Cartas oceánicas

Barça: materialista o seductor


Ningún equipo había sido capaz de cambiar de época en minutos. Al gran Barça de Guardiola, ese que tanto recordamos, se le va a comparar por siempre con todos los que vengan. Empezando por éste, el de Luis Enrique, que sin levantar un solo título por ahora, empieza a perfilarse como un indiscutible sustituto. Líder en la Liga con cuatro puntos de ventaja sobre Real Madrid, cuartofinalista en Champions vs PSG y finalista de Copa vs Athletic Club, aspira a ganarlo todo de la misma forma que hizo aquel, el legendario. En cada una de las competencias que tiene por delante, parte como favorito. Una condición que se ha ganado por la capacidad que tiene para transformar la belleza en especulación de una jugada a otra, o para llevar el balón sin gustarse en medio campo, de un área a otra, sin compasión. Cuando el partido necesita ritmo aparece el Barça armónico, instintivo, que maneja la pelota con señorío. Pero si el partido lanza un desafío, no corre riesgos. Se vuelve frío, calculador; parece mentira, pero el nuevo Barça raya en el materialismo. En este equipo de trazos delicados o transiciones explosivas, conviven sin pudor las dos corrientes que han dividido al fútbol los últimos tiempos. Conscientes de haber dominado el juego durante años, sus jugadores ahora dominan los resultados. Lo mismo dan un baile al City, que cuatro días después, escatiman el espectáculo contra un emotivo Real Madrid. Para algunos ha renunciado a la naturaleza de su estilo. Para otros, lo ha perfeccionado aprovechándolo como herramienta de un sistema práctico. No hay romanticismo en este Barça ganador, es de otro género, pertenece a la época que quiere según convenga. De lo sutil a lo pueril, de Messi a Mathieu, sin sonrojarse.  

 

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