Cartas oceánicas

Artesanos vs. industriales

No puede establecerse si el futbol que se jugaba antes de la Ley Bosman era mejor o peor. Al deporte, aunque regulado, no lo hacen los abogados, sino los deportistas. Lo que si podemos asegurar es que el futbol post Bosman, ganó derechos, pero perdió obligaciones: identidad y competitividad. A partir de esta ley hemos visto ejemplos como el del Inter, que ganó una Champions con solo un italiano en el campo, o como el del Ajax, que siendo el prototipo de un equipo productor de grandes talentos, ha dejado de pelear títulos internacionales al no poder retener a sus mejores jugadores. Una ley que hizo más justo el mundo del futbol, con el paso del tiempo lo desequilibró por completo. Veinte años después del fallo que permitió el libre tránsito de jugadores por Europa, la riqueza se concentró más año con año. Clubes ricos, representantes poderosos y atracción de capitales alrededor de unos cuantos, convirtieron la compra venta de jugadores en la verdadera revolución industrial del deporte. Aquel futbol artesanal, nativo, criado en la vecindad del equipo y tallado en cantera, se acabó. Pertenece al romanticismo del juego en el que todavía sobreviven equipos de claustro como el Athletic Club y el propio Ajax. La entraña de aquel futbol puede verse en la imagen que dejó este año la despedida de Gerrard en Anfield. El Liverpool, uno de los clubes mas tradicionales del mundo, perdía un jugador que había representado el ideal de cualquier aficionado: jugar para el equipo de la ciudad donde naciste, en el caso de Gerrard, para el equipo del barrio donde nació. Bosman, que derribó las fronteras entre países, levantó muros entre clubes. A partir de esta ley, la distancia entre chicos y grandes se volvió insalvable.

 

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