Cartas oceánicas

Arranca el Mundial de Herrera

Las cosas del futbol van rápido, si de un domingo a otro el panorama cambia, entre uno y otro torneo, sobre todo si son cortos, la perspectiva puede perderse por completo. Hace muy poco la selección de Miguel Herrera era un combinado León–América. Con los europeos desterrados y el resto de clubes rezagados en la Liga, México corría el riesgo de preparar el Mundial con un equipo más que casero, de barrio. Luchón quizá, con buen ambiente, también, pero sin tamaños. Cuando el Hexagonal se convirtió en epidemia los únicos jugadores que mantuvieron inmunidad fueron el campeón y el subcampeón. Con juicos sumarios, entre la euforia y el arrebato, aficionados, directivos y algunos medios extirparon de la selección cualquier foco de contagio. En primer lugar condenaron a los europeos y acto seguido, a cualquier futbolista que no pareciera Oribe Peralta, un jugador de 29 años que nunca vistió la camiseta de un grande, pero que con la selección creían verlo gigantesco. La selección había pasado por urgencias. Meses después el panorama es otro. Los futbolistas de Cruz Azul y Toluca tienen encendida la Liga, los de América no parecen tan buenos, los de León y Santos se están curtiendo en los bravos campos de Libertadores y los europeos, recién vacunados, regresan. En poco tiempo las cosas del futbol, que van muy rápido, volvieron a un lugar más sensato. Aprovechar los momentos, decidir a tiempo, evitar los veredictos y administrar el ánimo es apenas la mitad del trabajo del técnico. La otra es convertir esa famosa lista de jugadores a la que tantas vueltas le damos en México, en algo que parezca un equipo. El Mundial de Herrera no empieza con Camerún, sino contra Nigeria. Cuidado, las cosas del futbol van rápido.

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