Cartas oceánicas

American exprés

Las próximas semanas el futbol del continente americano coincidirá en tiempo y forma con el futbol del continente europeo: selecciones nacionales en ambos lados del Atlántico jugarán una especie de Mundial desestructurado. Comparar la Copa América con la Eurocopa de Naciones, es tan cruel como comparar la Libertadores con la Champions League. Pero a ello se han arriesgado los organizadores de un torneo llamado Centenario, calzado a huevo en un calendario que lleva un tiempo saturado. La versión exprés de Copa América, un apéndice de la original, menosprecia la solera que lleva a un evento deportivo a convertirse en un gran acontecimiento, empezando por esa larga espera. Cuatro años es el periodo marcado para madurar un buen campeonato. Los ciclos del Mundial, la Eurocopa, la Olimpiada y la propia Copa América, tienen su lógica en el buen gusto y la paciencia. Cualquier alteración en la agenda de los clásicos eventos deportivos internacionales, atiende a cuestiones materiales que traicionan la razón de su competencia. Medir a los mejores no es lo mismo que reunirlos; y las selecciones americanas se reunieron en los Estados Unidos en torno a sus Confederaciones para una especie de homenaje vendido por ellas. El único elemento capaz de otorgar tradición es el tiempo, pero organizada a destiempo, la Copa del Centenario carece de tradición, por lo tanto de certeza: es un torneo de exhibición al que una buena cantidad de dólares, ofrece el sello de oficial. Será difícil creer que Argentina busque revancha, Brasil historia, Colombia reputación, Uruguay confirmación y Chile la defensa de un título que ganó hace menos de un año. Bajo este panorama, México tiene oportunidad de pelear un torneo sin mucho crédito.  

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