Cartas oceánicas

América y Tigres: equipos acomodados

América y Tigres, dos de los clubes con mayor poder económico del continente, reforzaron sus líneas de crédito, hipotecaron el prestigio de sus instituciones y fletaron aviones de primera clase: uno rumbo a Buenos Aires y otro rumbo a Japón. Esta vez, el futbol mexicano encomendaba la Copa Libertadores y el Mundial de Clubes, a equipos de comprobada solvencia. Ambos, planearon sus inversiones en función de estos torneos, gozaron del apoyo federativo, obtuvieron la bendición del medio y sin embargo, cayeron. América frente a un cuadro chino sin historia y Tigres, contra a un clásico mundial. El Guangzhou ganó con la humildad de un grupo de jugadores desconocidos reforzados por brasileños y River Plate, con el hambre de un grupo de futbolistas juveniles, pero con oficio de argentinos. Y aunque perder en primera ronda del “mundialito” no es comparable a caer en la Final de Libertadores, las dos derrotas enfrentando a equipos de tan distinto calibre, dejan una lección común: presidir la Liga MX no alcanza para ganar torneos internacionales. A nivel de clubes o selección, México sigue esperando que sus representantes consigan algún título que avale el futbol que practica y tanto defienden sus pregoneros. Este año, además, se jugó una Copa América y el resultado fue el mismo. Lejos de Concacaf y la Liga MX, el futbol mexicano empequeñece y en 2015, no lo ha hecho precisamente representado por cuadros chicos. América, Tigres y la Selección, son tres grandes corporativos del futbol latinoamericano. Sus generosas estructuras, sin fisuras financieras, permite trabajar a directivos, entrenadores y jugadores con absoluta comodidad. El mexicano es un futbol bien acomodado: nace, vive y se desarrolla al calor del hogar.

 

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