Cartas oceánicas

Alemania: cuatro épocas en una

Argentina se entregó a jugadores que ganan partidos, no campeonatos. Canchera durante toda la noche, confió el título en hombres como Mascherano, Demichelis, Rojo o Biglia. Mucha raza, poco futbol. Aun así, arropada por una camiseta que se pega al cuerpo, alteró el manso electro alemán que en más de una ocasión, sintió que se le iba el alma del cuerpo. Lesionado Di María, ninguno de los atacantes argentinos parecía importante. Ni acompañando a Messi, ni de cara al marco. Lo confirmó Higuaín en la primera parte en un mano a mano frente a Neuer, y lo superó Palacio sobre el final, empequeñecido contra un monumental guardameta con pies y manos. Alemania buscó el partido hasta el final, como buscó el Mundial desde el principio. Supo corregir en los 120 minutos de la misma forma que fue modificando las líneas en función del argumento. Sin renunciar al futbol que lo trajo a Maracaná, no le sonrojó aprovechar el tonelaje, ni los pulmones de sus futbolistas cuando el partido lo ameritó. Por la Final de Brasil 2014 transitaron muchas épocas de la selección alemana. La inflexible, la atlética, la elegante y la milagrosa. Todos esos equipos desembocaron en el gol de Götze. Técnico, decisivo, contundente. La diferencia entre Argentina y Alemania, fue la misma que entre Alemania y el resto de equipos. Completa, estelar en todas sus líneas y con una firme convicción por su estilo. Alemania termina de pulir un Mundial que desde el principio resultó brillante. No merecía otro campeón. Tuvo el campeón exacto. Cuatro campeonatos mundiales, el de ayer conseguido con la versión más distinguida de su historia, vuelven al expediente alemán un pergamino. Antes por vigor y ahora por talento, son intachables ganadores. Colosales.  

 

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