Cartas oceánicas

Álbum de familia

Justa como es la Premier, una Liga que no se detiene a discutir el método, tiene instalado otra vez en lo alto de su tabla al viejo Mou, entrañable vecino de estos barrios. Su Chelsea (56), un equipo al que poco a poco ha ido reconvirtiendo en el villano que siempre fue, se encargó en dos semanas del Arsenal (55) y el City (54), clubes a los que el público aprecia por su buena educación. Hijos de caballeros Wenger y Pellegrini, incapaces de alinear un defensa de más, o tirar una pelota a la tribuna al minuto de juego. Y así, Wenger y Pellegrini son las victimas favoritas del “Mourinhismo”. Siempre caen. Del primero se deshizo por omisión, viéndolo perder 5-1 en Anfield y del segundo, con un partido escalofriante por violento y frio, un thriller a media semana, como sus grandes obras. Pero el sábado volvió para rematar el liderato venciendo al Newcastle y a partir de aquí no habrá quien lo soporte ni en la Pemier ni en la Champions. En ese camino lodoso que señala los triunfos de Mourinho, aparece un jugador genial. De Eden Hazard se habían hablado maravillas, pero cuando llega Mourinho explota como crack. Virtud del entrenador. Y ahí está el belga Hazard con 12 goles y rodeado de guarda espaladas, manejando con delicadeza la nueva fuerza bruta del clásico Chelsea del tío Terry y el tío Lampard, un álbum de familia. Los equipos bondadosos con técnicos señoriales y futbolistas elegantes no parecen hechos para entender la vida y el futbol como Mourinho y sus jugadores. Dispuesto a mudarse a los arrabales de Londres para ganarlo todo y encontrarse en algún sitio de la temporada, como él tanto lo desea, con el Bayern (56) y Guardiola, su enemigo íntimo. Lo que sería un Mundial con estos tipos. 

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