Pluma de gallo

¡Prohibir por prohibir!

Acá en mi León Guanajuato tal vez muchos no recuerden el término de "zorritas".

"Zorritas" eran los niños que ayudaban en los talleres de calzado en la época de los 60 y 70 y principios de los 80, niños que desde los 8 años, o tal vez menos, con mucho entusiasmo y energía al fin niños, trabajaban en estos talleres en su mayoría talleres familiares, incluso en fábricas de las llamadas en esos tiempos "grandes".

Sus padres, trabajadores de empresas de calzado se los llevaban en tiempo de vacaciones para que fueran aprendiendo este bonito oficio; otros por su propia voluntad y con mucha alegría llegaban solos a los talleres donde los ocupaban; ayudaban en todo, desde embarrar suela para pegar, sacar el corte de la horma, trasladar la horma, acomodarla por puntos, etc., de verdad cómo ayudaban… Desde niños aprendían un oficio que a la postre sería su forma de generar recursos propios e incluso riquezas y por qué no, sus propios talleres de calzado; cuántos grandes empresarios de calzado en la actualidad no fueron de esta camada de niños llamados "zorritas", claro que muchos.

Como el calzado se elaboraba con sustancias "tóxicas" alguna autoridad prohibió que los niños asistieran a estos talleres o fábricas de calzado "por el bien de la salud de los pequeños" esto fue el motivo que más se escuchó de esta prohibición, en aquella época; pudo haber otros motivos que desconozco, lo que no desconozco es que la nuevas generaciones de muchos niños que estaban ligados o allegados al calzado por sus familiares o por sus amigos ya no pudieron asistir a los mencionados talleres.

Algunos tuvieron la fortuna de seguir en estos talleres o fábricas porque el dueño era su padre o tío directo. La gran mayoría perdió una gran oportunidad de desarrollarse en la vida, también perdieron la oportunidad de conocer este lindo oficio de zapatero, desgraciadamente muchos tomaron el mal camino y se volvieron delincuentes al no tener un oficio y no gustarles la escuela. Qué ironía, hoy muchos niños en mi León, Gto. se intoxican en las calles con los riesgos que conlleva esta práctica y por lo consecuente sin oficio ni beneficio.

Ahora voy con usted amigo gallero, que se toma el tiempo de leer esta columna y debe de estarse cuestionando ¿qué tiene que ver esto con el tema del gallo? si usted está un poco más alejado de esta zona del Bajío, con toda seguridad no se ha percatado que en los palenques de León los niños tienen prohibida la entrada y esto desde mi punto de vista me parece aberrante ya que están quitándole a nuestros niños la legítima libertad de conocer una de nuestras grandes tradiciones con gran arraigo en la cultura mexicana donde no existe violencia ni riesgo alguno tomando las debidas precauciones.

Es verdaderamente triste que cuando comenzó esta prohibición partidos de diferentes partes de la República que venían a jugar a León tenían que dejar a sus hijos afuera de los palenques, muchas veces con las inclemencias del clima, si bien les iba adentro de los carros o simplemente deambulando en las calles cercanas al palenque, usted que acostumbra jugar acá en León debe de saber que así fue; simplemente porque a una administración pasada se le ocurrió prohibir por prohibir la asistencia de niños en los palenques.

Usted que tiene la libertad y le permiten llevar a sus niños a los palenques no deje de hacerse acompañar por sus pequeños y aproveche, no vaya a ser que de la noche a la mañana vayan a prohibir en su municipio que los lleve. Y para terminar, si las autoridades piensan que prohibir la entrada a los niños es lo correcto quiero decirles que están en una gran error; en este momento miles de niños en León están teniendo contacto con estos bellos príncipes emplumados e incluso más de uno se está divirtiendo con ellos pastoreándolos o topándolos; muchas veces las autoridades lo único que dan es risa con su prohibir por prohibir.

Hasta el próximo sábado.

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