El cuaderno de Jimena

El verdadero espíritu

Fue en el marco de los Juegos Olímpicos de Londres 1948 cuando el Dr. Ludwig Guttmann decidió expandir su método de trabajo, de reintegración a la vida social de sus pacientes a través del deporte, hacia otros hospitales. Los primeros Juegos de Stoke Mandeville se celebraron con la participación de 16 discapacitados y año con año comenzaron a adquirir relevancia internacional hasta convertirse en los Juegos Paralímpicos, que tienen en Roma 1960 su primera edición oficial, cuando dejaron de ser solamente veteranos de guerra los participantes. Hoy por hoy, a la sociedad aún le causa conflicto seguir de igual manera estas competiciones en comparación con unos Juegos Olímpicos. Las hazañas valen lo mismo (medallas) y en ciertos casos son más conmovedoras por lo que implica el trasfondo que vive un atleta paralímpico, pero la realidad es que no atraen la atención. La competencia en efecto no es igual, pero la presión, la motivación, el trabajo, el sacrificio, la emoción, la voluntad, el coraje y la determinación que envuelve a estos atletas es hasta superior a la de los convencionales.

Hoy por hoy, no debería existir siquiera una comparación entre ambos Juegos, porque si hablamos de espíritu olímpico, éste se representa mejor en los Juegos de Poppa Guttmann, tal y como destacó para la BBC en 2012, Raúl Fain en Por qué los paralímpicos son la verdadera hazaña. “Los pioneros del olimpismo no pretendieron crear héroes populares, ni ofrecer un espectáculo de masas: se conformaban con difundir una ética del esfuerzo, destinada a cimentar la amistad de los pueblos a través del deporte. Consideramos a los Juegos Olímpicos un espectáculo, pero aún conservamos un respeto instintivo por los Paralímpicos, que siguen siendo una aventura del espíritu”.

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