El cuaderno de Jimena

"El partido de los valientes"

“Es la memoria del país, usando como pretexto una lectura deportiva”

Axel Pickett


Tuvieron que pasar casi 44 años de un empate que supo a gloria para que La Roja se presentara una vez más en territorio ruso. Aquella fría noche del 26 de septiembre de 1973, uno inusual para el principio otoñal en el Olímpico de Moscú, no hubo goles. Habían pasado solo 15 días de un Golpe de Estado que cambió por siempre el rumbo de la sociedad chilena, y los seleccionados del país sudamericano, con un nudo en la garganta del miedo de dejar a sus familias en una nación ahora bajo el mandato de Pinochet, tuvieron que enfrentarse bajo la esperanza de llegar a su quinta Copa del Mundo, a una favorita URSS en el estadio Olímpico de Moscú. El contexto social no podía estar más en contra del duelo. Chile había mantenido una estrecha relación diplomática con el Kremlin durante el gobierno socialista de Salvador Allende, pero la nueva dictadura, una de las más sangrientas que se recuerden, llevó a la Unión Soviética a decretar el cierre de su embajada en Moscú y expulsar a su personal de vuelta a territorio americano, que a su vez, había prohibido ya la salida del país. “Si hablan, sus familias sufrirán las consecuencias”, fue la amenaza para poder viajar. Con solo un entrenamiento y después de un viaje con varias escalas, incluido México, donde vencieron en un amistoso a los aztecas, aunado a problemas de logística y en la aduana, la base del Colo-Colo que armaba a la selección, se enfrentaba a unos europeos que venían de conseguir un bronce en los JO del 72 y un subcampeonato en la Euro del mismo año. El partido fue extraño. Durante 90 minutos, la URSS atacaba y Chile defendía con seis elementos pegados a la portería. Tras el 0-0, el siguiente reto era la vuelta a disputarse el 21 de noviembre en el estadio Nacional, pero el recinto convertido en un campo de concentración terminó por ser un detonante para que el siguiente comunicado llegara un día antes. “Por consideraciones morales, los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los patriotas chilenos”. Semanas después, la FIFA terminó por confirmar el boleto de Chile a la primera Copa del Mundo en Alemania. 

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