El cuaderno de Jimena

No llores por… futbol Argentina

 “El futbol está en una crisis terminal, quizá peor todavía de la que recibimos en el país”. Esas fueron las palabras del presidente argentino, Mauricio Macri, el pasado 17 de enero. Argentina, como Brasil, es sinónimo de futbol, pero desde que Julio Grondona falleció en 2014, no cabe duda que el barco que es la Asociación de Futbol Argentino no ha sabido navegar en tiempos de cambio para las federaciones corruptas. Por 35 años, el ex dirigente supo parchar las abolladuras que amenazaron con hundir la embarcación que es la AFA, pero al no poder nombrar a su sucesor en las pasadas elecciones de diciembre de 2015, con un empate de 38 a 38 en unas votaciones que solo contaron con 75 asambleístas, la FIFA dijo no más. La huella de corrupción y lucha de poderes quedaba evidenciada una vez más en dicho proceso, por lo que una Comisión Normalizadora enviada desde Suiza tomó las riendas del organismo a mediados de 2016. Macri puso el ultimátum, le quitó a los clubes el apoyo económico que recibían por los derechos de transmisión que tenía el gobierno desde el mandato de Cristina Kirchner y amenazó con no indemnizarlos si no seguían las instrucciones de la FIFA de poner en marcha nuevos estatutos, después de todo 170 millones de dólares por temporada no es un gasto que el Estado podía seguir asumiendo. Bajo amenaza de quedar desafiliados del organismo rector y de incluso no poder competir en Rusia 2018, la AFA comenzó a ceder esta semana. Si todo sale como dicta el guión, quizá el 3 de marzo volverá a rodar el balón, la Liga se reanudará con un mes de retraso. Puede que Argentina tenga una selección plagada de estrellas, que tengan al mejor jugador del mundo en Messi y a uno de los mejores de la historia en Maradona, pero ninguno de ellos fue suficiente para garantizar que una Asociación tan manoseada no entrara en crisis y de paso afectar a lo más importante, la afición. 

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