El cuaderno de Jimena

La encrucijada del COI

“La búsqueda de la excelencia atlética, la deportividad y la buena voluntad internacional es bastante noble, pero los JO modernos son en el mejor de los casos un vehículo para la agitación y propaganda; en el peor, un imán de escándalos”.

John Ridley, escritor estadunidense

 

Hace unos meses, en noviembre de 2015, cuando el escándalo de dopaje en Rusia comenzó a tomar relevancia mediática a raíz de la primera investigación de la Agencia Mundial Antidopaje basada en las acusaciones del documental de la televisora alemana ARD, Dopaje secreto: Cómo Rusia hace a sus ganadores, escribía acerca de cómo la mayor escuela de dopaje en la historia era la consecuencia de un sistema implementado en época de la Unión Soviética.

Desde la década de los setenta el comité deportivo de dicha nación ordenó el estudio y desarrollo de sustancias que mejoraran el desempeño de sus atletas; hoy se comprueba a raíz del reporte McLaren que prácticamente todos los niveles en la estructura del deporte ruso están involucrados en dicha práctica, o por llamarlo de alguna manera un proyecto de dopaje de Estado, con el ministro de deporte, la RUSADA y el servicio de seguridad involucrados.

El fin de semana, el COI se enfrenta a la mayor encrucijada que se le presenta en los últimos 20 años de historia, castigar a uno de sus mayores patrocinadores como lo es el gobierno de Vladimir Putin por colaborar en el encubrimiento de pruebas de dopaje en más de 300 exámenes realizados entre 2011 y 2015 de 30 disciplinas diferentes, con todo y las implicaciones políticas que esto conllevaría, o solapar actos que van en contra del movimiento olímpico y buscar la forma de dejar dentro a los atletas que se demuestren limpios. El Kremlin ya emitió un comunicado argumentando politización del deporte y recordó la época de los boicots en los Juegos Olímpicos en la edición de Moscú 1980 y Los Ángeles 1984, pero resulta complicado que sean absueltos después de pruebas irrefutables.

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