El cuaderno de Jimena

De la guerra, a la Champions

“Antes de un juego en 1992, tuvimos que traer tierra para llenar un hoyo en el campo que dejó una bomba. Para ese entonces, sabíamos que estábamos en guerra. Los aviones volaban sobre nosotros, pero no teníamos miedo de morir. Agdam era nuestra casa y era nuestro deber jugar futbol ahí, por la gente y por los que pelearon por nosotros”. Esa es la declaración que trasciende de Shahid Kasanov, el que fuera capitán del Qarabag de Azerbaiyán en la última temporada que el club pudo jugar en su hogar. De su estadio, el Imarat, no queda nada y de Agdam, la llamada “Hiroshima del Cáucaso”, tuvieron que huir más de 40 mil habitantes. Fue en julio del 93 que el conflicto del Nagorno-Karabakh, aquel que dejó más de 30 mil muertos y más de un millón de desplazados durante seis años de guerra, finalmente llegó a la que es hoy una ciudad fantasma. El ejército de Armenia había tomado control de Agdam, por lo que unos días después, el 1 de agosto, cuando el equipo hacía historia al conquistar por primera vez la Liga nacional, no había nada qué celebrar. Su entrenador, Allahverdi Bagirov, también líder en su momento del Partido por el Frente Popular de Azerbaiyán, había fallecido en la guerra. Por 24 años, Bakú, la capital del país, ha sido su nuevo hogar, pero ahora los Jinetes enfrentan otro largo camino, aquel que requiere de disputar por lo menos 12 partidos si se quiere llegar a Kiev, y en el que primero que nada tendrán que viajar 11,555 km para llegar a Stamford Bridge en Londres, al Metropolitano en Madrid y al Olímpico de Roma, para enfrentar a sus rivales del Grupo C. La historia del también llamado “club de los refugiados” puede ser una más de cenicienta, de esas que encantan al aficionado, pero desafortunadamente el éxito del equipo en recientes años, donde crecieron su palmarés local a cinco títulos, se ha debido en gran parte a su politización desde que la compañía Intersun, respaldada por el Estado le inyectó dinero. Qarabag es ridiculizado por Armenia al sentirlo como un club que ha servido de herramienta política, una pieza más en el juego de ajedrez entre Bakú y Yerevan. 

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