El cuaderno de Jimena

B de balón y billetes

“Un juego de pobres que mueve una industria de ricos”

Jorge Valdano

 

La consentida comenzó a rodar para un verano espectacular. Cien años de historia del torneo de selecciones más antiguo del mundo, mientras en el viejo continente la Euro busca en medio de amenazas terroristas y cambios en la UEFA, recordar que lo que importa es el futbol y la promesa de jugadas inolvidables para su decimoquinta edición.

Sin embargo, el arranque de la Copa América Centenario en cancha ha dejado que desear. A falta de espectáculo, hablamos del negocio, porque la decisión de traer a los sudamericanos al norte del continente para poner en marcha un esquema de ganancias monetarias que le ha funcionado demasiado bien, por ejemplo a México, no pasa desapercibida por aficiones, medios, directivos y hasta jugadores. Desde hace un tiempo los dirigentes del futbol han sabido convertir los valores de este deporte, la pasión, el sentimiento, la ilusión, la belleza, la gloria, la celebración, las porras, el fair play y todo aquello que mueve a la gente, en productos a la venta.

Joao Havelange lo dijo en su momento: “Yo vendo un producto llamado futbol”, y por difícil que suene para los románticos de este deporte, desde que se dio el salto de amateur a profesional, el dinero es el que marca la pauta de un negocio en constante evolución. Hoy ya no depende solo de equipos y marcadores, sino de estrellas dentro y fuera de la cancha. Jorge Valdano lo explica así en su reciente libro Futbol: El juego infinito: “Estoy convencido de que a mi nieto lo desvelará una camiseta de su equipo, porque la fascinación que producen los héroes ya tiene más fuerza que el juego mismo. Mi nieto no sabrá que en el instante en que compre esa camiseta, pasará de hincha a cliente”.

La ventaja de este negocio es que el hincha siempre es leal, le cueste lo que le cueste. Es indiscutible la importancia del dinero en el futbol, pero el juego no puede pasar a ser algo secundario, se necesita un equilibrio que aún no se ha encontrado. Si el Mundial es la vaca lechera de la FIFA, la Copa América Centenario es una degustación para la Conmebol que terminará por comprar. 

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