El cuaderno de Jimena

El más grande

¿Se puede asegurar a un atleta como el más grande de todos los tiempos? Son demasiadas las variables a considerar. Aunado a ser indiscutiblemente el mejor de la historia en su disciplina, los factores a tomar en cuenta deben ir más allá del éxito deportivo. Empecemos con Michael Phelps, sin duda con 23 oros es el más grande en el marco olímpico. Su hazaña se ve difícil de igualar, pero si lo vemos desde la perspectiva de que la natación te permite ganar más preseas que cualquier otra disciplina con eventos como el 4x100, 4x200, mariposa, estilo libre, dorso, pecho en 50, 100, 200, 400, 800 y hasta 1,500 metros, el contexto cambia. No hay nada qué reprocharle en la piscina al Tiburón de Baltimore, presente además en cinco justas olímpicas, pero tampoco es secreto que tuvo ciertos capítulos complicados en su vida que no fueron ejemplo de buena conducta. Después tenemos a Usain Bolt. En el atletismo no hay más. Se quedó con ocho oros debido al positivo de uno de sus compañeros de relevo en Pekín 2008 y es junto a Federer, el único deportista en haber conquistado en cuatro ocasiones los Premios Laureus. Además, con su carisma le gana la partida a Phelps. Otro nombre: Michael Jordan. El simple hecho de que se hable de un antes y un después de él en el baloncesto pesa. Seis anillos de campeonato y dos medallas de oro, aunado a ser quizá la primera gran súper estrella deportiva en términos comerciales. Más allá del desgastado debate cada año sobre si sigue siendo el más grande en haber pisado la duela, lo que si no se puede ocultar es su pasado relacionado a las apuestas, tema extradeportivo que deja mal sabor. Las cosas se empiezan a complicar cuando hablamos de Muhammad Ali. Para muchos analistas no llega a ser el #1 de todos los tiempos en el ring, pero sin duda fue un ejemplo dentro y fuera de él. Polifacético y filántropo, decidió ir más allá con su lucha política y religiosa. De futbol no podemos ni hablar, el debate de si es Messi, Maradona o Pelé el indiscutible mejor, no permite que entren en competencia. Concluimos entonces con Roger Federer, aquel al que no le podemos poner peros. Perfecto ejemplo de cómo ser no solo un líder y unánimemente el mejor en su disciplina, sino un buen padre, esposo, amigo, representante de un país, activista, un ser humano sencillo, modesto y elegante.  

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