El cuaderno de Jimena

Los Rodríguez

¡Ay, los sesenta! El auge del movimiento hippie, el surgimiento de las guerrillas en Latinoamérica, la construcción del Muro de Berlín, el asesinato del Che Guevara. A principios de la década las relaciones entre EU y Cuba se rompían, mientras que hacia el final, la llegada del hombre a la Luna marcaría un hito en la historia. En el arte, el Pop Art irrumpiría y en la música, los Beatles, los Rolling Stones, Janis Joplin y Jimmi Hendrix comenzaban a perfilar su legado. Los Yanquis de NY solo ganarían dos Series Mundiales, pero la NFL estrenaba el Super Bowl. En México, sin embargo, la sensación en el deporte era el automovilismo y no solo por el recién inaugurado Autódromo encargado por López Mateos, sino más bien por dos hermanos, Pedro y Ricardo, que de la bicicleta a la moto y de la moto al automóvil, serían los primeros en inscribir su nombre en las más prestigiosas carreras a nivel mundial.

Si actualmente es complicado para pilotos mexicanos salir adelante, en aquella época lo era aún más, pero la audacia al volante del menor de los Rodríguez bastó para que Enzo Ferrari lo llevara a la F1 en 1961, mientras que Pedro, dos años mayor, llegaría con Lotus para 1963. Aunque en 66 años de historia mexicana en la máxima categoría han desfilado seis pilotos, la leyenda de los Rodríguez que apagaron sus vidas viviendo de su pasión aún no se supera. El próximo 1 de noviembre, a un día de celebrar el segundo GP de México desde el regreso de la F1 al país tras 23 años de ausencia, se cumplirán 54 años del fallecimiento del más atrevido piloto de carreras que ha dado el país. Ricardo correría justo su última vuelta en el complejo que hoy lleva el apellido de él y su hermano, mientras que nueve años después Pedro lo haría en Alemania. El GP de México es también rendir homenaje póstumo a los mejores.

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