El cuaderno de Jimena

Revolución

“Recuerda divertirte. Cuando sonrío y me divierto es cuando mejor lo hago”.

Simone Biles


“The Games Changer” es como tituló la revista Time su portada a finales del mes pasado con la imagen de una gimnasta afroamericana de 19 años de edad que estaría por hacer su debut en unos Juegos Olímpicos. Ni Phelps, ni Bolt, si no una atleta de 1.45 metros de altura criada en Texas que debió superar los contratiempos de una madre drogadicta, adoptada por su abuelo, y que hoy ya es catalogada como la mejor de la historia en su disciplina. Simone Biles.

Ha pasado ya una década desde que desaparecieron el 10 perfecto de la gimnasia para darle paso a un nuevo sistema de puntaje, que aunque criticado por la confusión que genera, es el que permite que hoy Biles pueda alcanzar cifras más altas basadas en la complejidad de sus rutinas y saltos. Está Invicta en este ciclo olímpico desde que emergió en la categoría “senior” en 2013. “Tengo todo lo que necesito y no siento que haya vacíos en mi vida que necesite llenar”, son sus palabras cuando se le cuestiona acerca de lo que le tocó vivir desde temprana edad.

En una era en que las gimnastas tratan de encontrar rutinas más complicadas en vez de la perfección, Simone emergió más fuerte, rápida y dura en cada ejecución sin tener que perder la elegancia. Una atleta que representa la innovación en una disciplina que optó por premiar la evolución. Lo mejor aún, es que a Biles no le interesan los 10 perfectos, no existe el factor de nostalgia ni la idea de perseguir esa marca como lo hicieron tanta generaciones de gimnastas tras Nadia Comanecci. Biles sabe que es más retador el sistema actual y que siempre hay algo más que lograr. 

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