El cuaderno de Jimena

La era Ortiz

 “No importa que la gente hable de ti. No importa qué tan famoso te vuelvas. No importa cuántos homeruns hice. El único que sabe lo que costó que yo llegara aquí y ser lo que soy ahora, soy yo mismo”.

 

Su leyenda no se describe por un solo momento, sino por varios. David Ortiz representa no solo el juego, sino la conexión de una ciudad con un equipo. Desde 2003, cuando llegó a Boston como agente libre, hasta ganar tres Series Mundiales, su era transformó la mentalidad de los aficionados Medias Rojas. Presente no solo para romper la Maldición del Bambino, sino también para unir a un pueblo destruido emocionalmente tras los ataques del Maratón de Boston en 2013. “Esta es nuestra #@!$&! ciudad y nadie va a dictar nuestra libertad. Manténganse fuertes”. Big Papi nació en Santo Domingo, República Dominicana, pero es bostoniano y el diamante de Fenway Park es más que su casa, su hogar. En su primera temporada, caer en siete juegos por el campeonato de la Liga Americana ante sus grandes rivales, los NY Yanquis, fue un verdadero trago amargo, que para 2004 sería fácil dejar atrás cuando en cuatro inolvidables días de octubre consiguieron remontar una desventaja de 3-0 para arrebatarles el título y conquistar consecuentemente la Serie Mundial, la primera para Boston en 86 años. Para 2007 y 2013 se repetiría el máximo título, pero ahora, en 2016, llegó el momento del último capítulo de una historia sin igual. Una postemporada más. Ortiz cumplirá el próximo 18 de noviembre 41 años, de los cuales 34 ha jugado beisbol. “Amo el juego no voy a mentir, pero el cuerpo se cansa y no lo puedes ocultar. Esta es mi carrera, yo la empecé y creo que merezco terminarla”. Su nombre será recordado no solo en Fenway Park, sino cada vez que nuevas generaciones pasen por la calle y el puente Big Papi David Ortiz.

 

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