El cuaderno de Jimena

El otro Kobe

 “Mi peor pesadilla fue un sueño en el que estaba en una cancha de básquet, el estadio lleno, estoy apuntando a la canasta y no puedo despegarme del piso, no puedo saltar, estoy atrapado. Cuando me doy cuenta que es un sueño, trato de controlarlo, pero por más que trataba, mi cuerpo era muy pesado, no podía saltar”. En 19 años es imposible no cambiar, las transformaciones existen para bien o para mal. Son suficientes para moldear una carrera profesional, pero también para formar una personalidad. Kobe Bryant fue el primer escolta en entrar directo desde high school a la NBA, un escenario que definió el andar de sus primeros años.

En febrero, el canal americano Showtime transmitió el documental Muse enfocado en la leyenda. Con testimonios directos del protagonista, describiendo los capítulos más importantes en su vida, se refleja al fin el deseo de muchos, la transparencia de un Kobe de 37 años, dejando atrás al niño de 18. Por un lado, el significado de su baja de nivel explica las entrañas de su retiro y por otro se entiende que más allá de un escándalo de infidelidad, de un juicio polémico y de culparse por la perdida de su bebé, Kobe se retirará como un hombre de familia y por supuesto, como The Black Mamba, el alter ego deportivo que él mismo creó para sobrevivir a sus problemas personales sobre el terreno de juego.

Demandante y honesto, atrás quedó el egocentrismo. A diferencia de Michael Jordan, un personaje que nunca presumió el camino que tuvo que recorrer para llegar al éxito, Kobe debió esforzarse diez veces más para ser considerado como un jugador que marcó a una generación. “El juego me hizo un mejor hombre, un mejor padre, un mejor amigo, un mejor maestro, me ayudó a descifrar quién era”. No quiso ser el siguiente Jordan, solo ser Kobe Bryant. Y mientras los Lakers discuten cuál de sus números retirar, el próximo año cuando diga adiós tras 20 años en la NBA, aún más cosas cambiarán.

 

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