El cuaderno de Jimena

"Doping"

Noviembre de 2007. “Encuentro esta acusación tan horrenda, tan monstruosa que he decidido hacerle frente hablando directamente con la prensa. Estoy frustrada y enojada. He dado positivo pero nunca he tomado drogas y me siento 100% inocente.”

Como un completo déjà vu así se sintió el anuncio del doping positivo por meldonium de la rusa María Sharápova. Casi nueve años han pasado desde que la también ex número uno del deporte blanco, la suiza Martina Hingis, convocó a una conferencia de prensa para anunciar su positivo en cocaína durante Wimbledon de 2007. Para enero de 2008, la Federación Internacional de Tenis decidió suspender por dos años a Hingis, pero ella ya había decidido retirarse por segunda ocasión. El argumento fue el siguiente; no querer enfrascarse en una lucha de años con la Agencia Mundial Antidopaje, incluso a pesar de que la cantidad de la sustancia encontrada era mínima en su organismo, una que ni siquiera hubiera sido reportada en el servicio militar de Estados Unidos.

Los atletas que han visto sus carreras opacadas o completamente destruidas a causa de dopaje no son pocos. Historias y excusas, el público ha escuchado muchas, pero hoy no creemos en los ídolos tan fácilmente. Aunque el destino de la chica dorada del tenis aún está por definirse, este es el momento para que sus seguidores conozcan las raíces de una joven que pudo llevar su carrera al éxito, convertirse en la atleta femenina mejor pagada de la historia, gracias a una familia que conoce el sacrificio. De Chernobyl a Siberia, pasando por Sochi y hacia EU. De no ser por el mayor desastre nuclear en la historia, Sharápova asegura que probablemente ni hubiera jugado tenis. En 2011, cuando la rusa regresó al poblado que llama hogar a pesar de nunca haber sido su casa, planteó lo siguiente: “Cuando todo está destruido ¿qué crece en su lugar?” Una pregunta que ahora tendrá que aplicar a su carrera profesional. 

 

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