El cuaderno de Jimena

América

Tras dos meses y nueve días de viaje desde que partieron del Puerto de Palos, al fin se escuchaba el grito de ¡Tierra! La madrugada del viernes 12 de octubre de 1492, la isla Guanahaní salvaba la vida de Cristóbal Colón y una tripulación hambrienta y desesperada por la incertidumbre. Desde ese instante, dos universos paralelos en puntos evolutivos muy distintos entraron en contacto. Con los años, la “nueva tierra” recibiría no solo a europeos en su mayoría, si no que con ellos heredaría sus costumbres culturales, incluido, en un momento más avanzado, el futbol. Exactamente 424 años después, este hito en la historia, quizá el más espectacular de los acontecimientos historiográficos, inspiraría a Pedro Quintanilla a bautizar con el nombre de “América” al club que Raúl Garza Gutiérrez e Ignacio de la Garza, en compañía de otros jovencitos de trece años, se encontraban formando. La reunión definitiva que le dio forma al nacimiento del club, fue en los llanos de la colonia Condesa. Desde entonces, la historia de un equipo que hoy cumple 100 años ha sido escrita en hojas crema y tinta azul, que entre éxitos, crisis, legados, vergüenzas, récords, fracasos, leyendas, lesiones, técnicos, líderes, goles, un escudo y un estadio Azteca que llegó a sus vidas en mayo de 1966, han concretado ya su primer volumen titulado Centenario. Desde hace varios años, odiar al América, por encima del resto de clubes mexicanos, es lo normal. En cada liga de futbol, en cada país, hay casos similares; sin embargo, su historia no deja de ser de admirar. La determinación de unos estudiantes conllevó a la creación de un equipo “más” mexicano en medio de tantas otras escuadras basadas en migrantes españoles, ingleses o alemanes en la capital. El club México fue otro ejemplo, pero no llegó a perdurar. Al final su nombre, más que conmemorar la fecha del descubrimiento, me parece nació del orgullo de ser de este continente.

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