El cuaderno de Jimena

Arquitectos del terror

Existen numerosos libros, incluso hay una afamada película acerca de lo que aconteció el 5 de septiembre de 1972 en Múnich. Textos crónicos, analíticos, de investigación, sensacionalistas y hasta con tintes de ficción se redactaron para tratar de explicar a detalle cómo es que el grupo terrorista palestino Black Sep-tember logró entrar en la villa olímpica y tomar como rehenes a once miembros de la delegación israelí y terminar un drama televisivo de más de 20 horas con un baño de sangre.

Entre tantos ejemplos es recomendable “Múnich 1972”, de David Clay Large, ya que en una sencilla frase resume el significado de dicho atentado “Mucho antes del 9/11, una guerra contra occidente, proveniente del Medio Oriente, había sido declarada”. Los eventos deportivos son el blanco predilecto de extremistas, y mientras vemos cómo la religión puede crear el peor de los fanatismos, Múnich 72 marcó un parteaguas en la evolución del terrorismo global.

Hoy, las potencias de Occidente se unen a la batalla francesa, porque no se trata de una guerra contra una nación, sino contra una cultura, una civilización. Hoy, ingleses en Wembley entonan las frases bélicas de “La Marsellesa”, porque como dice la reflexión del Blog de Lalo para la BBC “el público deposita en el papel del deporte (símbolo y espejo) una determinación colectiva en pos de la paz y la amistad entre pueblos diferentes.”

Hoy decimos “lo que pudo haber ocurrido” en el Stade de France, pero el panorama del deporte global ya está afectado. Aunque ejemplos históricos existen, las alarmas suenan porque oportunidades hay aun más. El siguiente año los servicios de inteligencia tendrán que ver por el Super Bowl 50, los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro y, por supuesto, por la Euro 2016. 

 

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