Contraquerencia

Bendita variedad

Bien dicen que en la variedad está el gusto. Situación que quedó comprobada con las corridas del fin de semana en la Plaza México. Por años se recordará la obra de arte de Morante de la Puebla ante Peregrino, de Teofilo Gómez. La faena soñada por cualquier matador en las manos soñadas de los aficionados. Un recital de temple, armonía, reposo e inspiración.

Lo realizado por Morante está muy lejos de ser superado simplemente porque se trata de un artista único. La variedad se pudo apreciar al día siguiente con la comparecencia en solitario de Joselito Adame. Otro estilo, otra expresión, un camino diferente de hallar el triunfo. ¿Cuál de los dos es mejor? La respuesta es que ninguno, eso lo valora cada aficionado, precisamente de esa apreciación y su defensa venían las viejas rencillas de peñas de aficionados que apoyaban a tal o cual torero. Como aquellos que pregonaban que José El Gallo Gómez era el mejor del mundo, a lo cual los defensores de Juan Belmonte se oponían con sus propios argumentos. Esa ha sido la historia de la variedad de gustos en el toreo, como pocas veces expresada en un fin de semana en La Monumental.

La polémica es inevitable cuando se trata de equiparar la premiación de dos orejas que cada torero logró por su mejor faena de la tarde. Ahí se toca un tema que va mucho más allá de la variedad. Desde hace años, La México carece de congruencia. Los jueces de plaza un día regalan orejas, como las manoplas avientan flores al tendido, de la misma manera que otros días se muestran avaros en la concesión de trofeos. Lo mismo pasa en el rubro de los toros, en el que La México no ha sido consistente, aunque hay que reconocer que los actuales empresarios muestran intenciones de presentar un ganado mucho más digno.

Se agradece que existan toreros como Morante y Joselito, pero también se va a agradecer que La México tome una identidad que la vuelva a poner como la Catedral del toreo, eso provocará que cada torero se pueda mostrar en igualdad de condiciones y, por lo tanto, se pueda apreciar la diversidad de estilos.

Por cierto, fue muy penoso atestiguar en la transmisión de tv como el seudocomunicador Valeriano Salceda insultó al juez de plaza, Jesús Morales, por no haber concedido el rabo a Morante. Lejos de justificar su desacuerdo con el juez, Salceda lo atacó en el plano personal, con total cobardía y del modo más corriente. De esa variedad no nos hace falta, los vulgares sobran.

jesus.zarate@milenio.com