Contraquerencia

Una puerta cada vez más pequeña

El concepto de abrir la Puerta Grande de cualquier plaza de toros del mundo, (siendo las más prestigiosas en ese sentido las de Sevilla y la de Madrid), se asemeja a una gran hazaña bélica, abrir las puertas al guerrero glorioso, luego de conseguir algo vetado para la mayoría de los mortales. En el mundo del toreo funciona igual, una Puerta Grande le puede cambiar la carrera y la billetera a cualquier matador.

Hay hazañas que ya son leyendas como las cuatro puertas consecutivas conseguidas por el colombiano César Rincón. El concepto es de origen europeo, pero en años recientes ha sido adoptado en México. Se trata de un rasero que mide la trascendencia de una tarde de toros.

No cualquiera abre la Puerta Grande, es privilegio de pocos, por eso la recompensa que espera es alta y envidia de todos. Pero contra el rigor de la seriedad en otras localidades en la Plaza México, la Puerta Grande es cada día más pequeña y más fácil de abrir. La muestra está en lo sucedido el domingo pasado con la Puerta Grande alcanzada por José Luis Angelino, de quien hay que señalar que tuvo un desempeño sólido, pero lejano a lo que debería ser una hazaña.

La devaluación de los premios que otorga la Plaza México se refleja en su poca repercusión. La México ya no es el lugar en donde una tarde de triunfo puede asegurar la llegada de numerosos contratos.

Situación muy distinta a la que prevalece, por ejemplo, en Las Ventas de Madrid. Seguimos esperando al mexicano que después de más de 40 años vuelva a abrir esa puerta. El más cercano ha sido Joselito Adame, quien debe tener metido entre ceja y ceja cortar las dos orejas que lo pongan en la historia.

José Luis Angelino tuvo una tarde de triunfo, pero él tiene que ser el primero en reconocer que lo realizado en el Coso de Insurgentes está todavía muy lejos de ser digno de abrir una Puerta Grande, y que el único camino que le queda es seguir triunfando todas las tardes, ya no hay milagros de un domingo, al menos no en La México.


jesus.zarate@milenio.com