Contraquerencia

Un poquito de aliento

Reza el refrán taurino que no hay quinto malo, pero ahora el número afortunado fue el del séptimo episodio de la actual Temporada Grande. La corrida del domingo tuvo varios ingredientes que la constituyeron como un festejo que prende un poco de luz esperanzadora en lo que ha sido un serial colmado de mediocridad.

Hay que destacar que el encierro de Xajay ha pasado la aduana de una presentación adecuada, y que marcó diferencia con los encierros anteriores. Ahora sí el refrán se cumplió a cabalidad y Xajay es el rey tuerto en tierra de ciegos.

En realidad lo que importa es que se marque un cambio en la tendencia y que los ganaderos cuiden su prestigio. A final de cuentas con lo único que pueden estar seguros de quedar bien o mal es con la presentación.

Otro avance fue la conformación de un cartel con tres matadores mexicanos con gran potencial. En su estilo, Fermín Rivera, Mario Aguilar y Arturo Saldívar consiguieron entusiasmar al público de La México. Hasta ahí se puede considerar que la séptima corrida puede servir como punto de inflexión en la actual temporada.

Hay vicios que siguen destruyendo la categoría de la Plaza México como el hecho sistemático del regalo de orejas, del cual fue víctima y cómplice Saldívar.

Víctima porque el público le recriminó la premiación excesiva y terminó por dar la vuelta sin los trofeos, pero luego en una falta de congruencia salió a hombros, cual si se tratara de un triunfo rotundo, cuando había dejado ir un buen toro de Xajay. La autocomplacencia sigue siendo muy alta.

Hay que tomar nota de la pobre entrada en un cartel que en el papel era atractivo y en los hechos lo ratificó, pero es entendible frente a las corridas anteriores.

Hay muchos aficionados decepcionados y no es fácil hacer que regresen a la plaza, es una cuestión de confianza, que tarda años en construirse, pero poco tiempo en derribarse.

A partir de este domingo, y por desgracia, la temporada entra en su peor etapa, con carteles de poco interés y en los cuales se puede esperar que las entradas sean aún más pobres. Lo que no hay que perder de vista es que corridas como las del domingo son las que hacen falta.

jesus.zarate@milenio.com