Contraquerencia

Al perro más flaco…

Dice la sabiduría popular que al ‘perro más flaco se le cargan las pulgas’, y eso es justo un ejemplo de lo que acaba de suceder con una terrible cornada sufrida por un subalterno.

En lo que va de 2014 no se recuerda un percance tan severo como el sufrido por Héctor Rojas en Zacatecas como parte de una corrida de feria. La escena es escalofriante y la gravedad del accidente tiene a Héctor en terapia intensiva, con el milagro de conservar la vida luego de que el pitón estuvo muy cerca de atravesarle el corazón.

Donde aplica la cruda realidad del refrán mexicano, es en que se trató de un miembro de las cuadrillas, personajes que en la mayor parte de los casos pasan desapercibidos para el grueso de los asistentes, pero quienes son también un gremio que cuenta con menos privilegios.

Para empezar, sus nombres ya no figuran como antes lo hacían en los carteles. Sus honorarios son por demás discretos y si se toma en cuenta que se juegan la vida, de inmediato se tornan en insignificantes.

Pero para complicar aun más la situación, desde hace varios años, la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros, una especie de sindicato que vela por sus derechos y prestaciones, está quebrada. De manera que cada cornada, cada herido, sangra las escasas arcas de la agrupación que encabeza Carlos Sánchez Torreblanca.

Por fortuna, parece que Héctor Rojas salvará la vida, aunque una etapa complicada le espera por delante. Una larga recuperación y tal vez en consecuencia un duro panorama económico. No conozco a ningún subalterno que pueda vivir de lo que cobra en las corridas, mucho menos a uno que pueda generar un patrimonio para su familia por lo que hace en los ruedos.

Por el contrario, los picadores y banderilleros se ganan el sustento con trabajos muy distintos, hay maestros de escuela, cantantes, vendedores y toda suerte de oficios y profesiones.

El colmo es que después de muchos años de jugarse la vida, ni siquiera tienen asegurada una pensión. A lo más que aspiran es a que su agrupación les entregue un monto como retiro, pero como la tesorería atraviesa por un mal momento, quien se retire tiene que hacerlo sin la certeza de que recibirá su dinero. Muchos incluso, se han resignado a que colgarán el traje de plata sin recibir nada a cambio.

Los subalternos son tan solo un reflejo de lo atrasada que está la fiesta brava en muchos aspectos, aunque por el momento lo único que importa es que Héctor recobre la salud y se vuelva a calzar el terno y ponerse a las órdenes del matador en turno.

jesus.zarate@milenio.com