Contraquerencia

Una muestra de identidad

No fue una coincidencia. Después del endurecimiento de las relaciones con Estados Unidos, en las dos principales de plazas de toros del país, y con diferencia de menos de una semana, se produjo una manifestación de identidad y orgullo mexicano.

Primero fue el domingo 5 de febrero en la Plaza México, cuando un grupo de charros partió plaza portando la bandera nacional, luego la escena siguiente quedó grabada en la memoria de todos los asistentes, cuando se entonó el himno nacional.

Al sábado siguiente, de nueva cuenta una partida de charros estuvo en el ruedo de la Nuevo Progreso, una banda militar hizo los honores al símbolo nacional y luego estalló el himno, a cargo de la banda de la plaza.

Escenas pocos habituales para un coso taurino, pero que encajaron a la perfección en el momento político que vive el país y que reclama unidad en torno a nuestros valores, entre ellos la charrería y la tauromaquia.

No se trató de un oferta patriotera barata, sino de una manifestación real de un sentimiento que se encuentra pasivo, pero latente de manifestarse en cualquier momento, La México y la Nuevo Progreso fueron escenario de identidad nacional, bajo el cobijo una fiesta de origen netamente española, pero que se ha arraigado y cobrado matices propios en estas tierras.

Pero hay que señalar que no se trata solamente de reaccionar a la presión y a la forma de denostar, sino que la fiesta de toros en el país sea lo suficientemente valiosa para simbolizar el orgullo de los mexicanos y sus tradiciones hacia el extranjero.

Bien hecho por las empresas de ambas plazas, en algo que se puede transformar en una tradición para las corridas de aniversario en la Ciudad de México y en Guadalajara.

En la Perla Tapatía, el sentimiento nacionalista se multiplicó con el triunfo del Luis David Adame, el único mexicano en el cartel.

No hay mejor tiempo para defender a la fiesta brava y al auténtico toro bravo que este momento.

Seguimos en estos días paladeando las exquisitas faenas en la Plaza México de Enrique Ponce, Morante de la Puebla y El Juli antes toros muy disminuidos de bravura.

Obras de arte ante la mínima expresión del peligro que debe representar un toro de lidia, eso poco abona para que tengamos un espectáculo del cual sentirnos orgullosos como mexicanos. Estamos jugando con fuego.

jesus.zarate@milenio.com