Contraquerencia

Una mirada encerrada

En el piso dos del Hospital Juan I. Menchaca de Guadalajara, mejor conocido como el Hospital Civil Nuevo, justo en la cama del fondo en la esquina izquierda, perteneciente al área de terapia intensiva, se encuentra desde el lunes a mediodía Rodolfo Rodríguez El Pana.

Hay que lavarse las manos con desinfectante, calzarse una bata médica y cruzar una sala rodeada de camas con pacientes en estado de gravedad.

El Pana giró la cabeza, un morete en el ojo izquierdo es tal vez el más vehemente vestigio de la cogida brutal del primero de mayo en Ciudad Lerdo, Durango. Su mirada es vivaz, afirma con los ojos y responde con esa mirada encerrada por su cuerpo que se ha convertido en su jaula. El momento es breve, pero intenso y profundo.

A las palabras de ánimo Rodolfo asiente y una lágrima parece escapar, solo se le puede recordar que ha llegado a Guadalajara, una tierra de amigos, de buenos médicos y toreros, que no lo dejarán solo.

El Pana, dentro del grotesco panorama de una cama de terapia intensiva, con aparatos por doquier y con un tubo que le atraviesa la garganta, mantiene la entereza; le falta el puro, y sus comentarios jocosos y ocurrentes, pero aun en esa cama del piso 2, se distingue a un torero en pie de lucha.

El Pana llegó a Guadalajara debido a que en la ciudad se encuentra uno de los mejores equipos multidisciplinarios que un hospital público puede reunir, según lo comentó a la llegada del matador, el doctor Francisco Preciado, director del Hospital Civil Nuevo.

La realidad también marca que detrás de esta decisión está la terrible situación económica que un percance de estas magnitudes conlleva; los seguros médicos se agotaron, de aquí en adelante El Pana depende de la atención pública y del altruismo de su gremio y de los aficionados.

No se vislumbra una recuperación milagrosa, Rodolfo no tiene movilidad, ni sensibilidad del cuello hacia abajo, el mayor reto en estos momentos es que la médula espinal se desinflame y permita de nuevo que el torero pueda respirar por sus propios medios.

El accidente, para ponerlo en perspectiva, es más grave que los que vivieron los toreros Nimeño II y Julio Robles, sobre todo porque afectó vértebras superiores, como fueron la primera y segunda, que sufrieron fracturas.

El Pana requiere de su propia fortaleza interna y de la ayuda de todos.

jesus.zarate@milenio.com