Contraquerencia

Se extrañan las novilladas

Conforme se acerca el verano la actividad taurina desciende en México. Para los que tienen televisión por cable queda el consuelo de ver la temporada europea, en la que destaca la Feria de San Isidro, en Madrid.

Pero la inactividad renueva la nostalgia por las novilladas, el verano era el tiempo de los novilleros, en la Plaza México, que no tarda en poner su anuncio de ‘se buscan novilleros’, así como en otras, como las de Caletilla en Acapulco, La Paloma en Puerto Vallarta o la Arturo Velázquez en el Distrito Federal.

La triste realidad es que ya no existe el circuito novilleril, ni siquiera hay algo que se le asemeje, y para mayor tristeza ni siquiera hay quien parezca preocuparse. Recuerdo que las novilladas eran la oportunidad para pagar por un boleto mucho más barato que el de una corrida y ver a los novilleros que salen a jugársela con todo en busca de reconocimiento.

La realidad para los novilleros es apenas un certamen muy disminuido en la Plaza México, uno en Tampico y la próxima edición de Descubriendo un Torero, un certamen organizado por los ganaderos y que obedece a la inquietud de ellos por sacar nuevo valores.

En cualquier otra disciplina deportiva o artística está claro que se necesita una pirámide que comience con infantiles y juveniles para rematar con los profesionales de alto desempeño.

En el toreo mexicano llevamos años en que la base de la pirámide ha desaparecido, los nuevos valores, si tienen recursos o apoyos, se tienen que marchar a España para hacer carrera.

Ni dentro del sector, ni por fuera, entiéndase autoridades de diversos tipos, han mostrado su interés o preocupación para que los novilleros tengan escenarios en donde desarrollarse.

El colmo es el que sucede con los subalternos, quienes sin espacios para torear se niegan a colaborar para aceptar que se realicen novilladas sin picadores, o bien para que se televisen las novilladas. Parece que el orgullo mal entendido les puede más que el futuro de una fiesta que depende de la renovación de sus cuadros. Mientras tanto, quien tenga tv por cable verá con envidia la fiesta del otro lado del Atlántico. 

jesus.zarate@milenio.com