Contraquerencia

Empoderar

En estos tiempos que hay que ser políticamente correctos, ya no vale eso de decirle a un morenazo “negrito”, so pena de caer en los terrenos de la discriminación. Aunque sea de cariño, hay que usar las palabras correctas; ya no hay gandallas en las escuelas, ahora se denomina bullying.

En el catálogo de las palabras actuales hay que estar familiarizados con términos como: gobernanza, equidad de género, movilidad, transparencia, rendición de cuentas, activismo, en una lista que es mucho más extensa.

En ánimo de seguir por el camino correcto, hay un término que aplica como anillo al dedo a la difícil situación de la fiesta brava en México, se trata del empoderamiento, esta cualidad se busca reforzar en las minorías y en las mujeres; la sociedad tiene comprobado que empoderar a las mujeres, por ejemplo, es un camino para combatir a la pobreza, y para dar igualdad de oportunidades, lo que constituye un acto de elemental justicia.

En el caso de la fiesta brava urge empoderar de nuevo al toro bravo, que en las últimas décadas pasó de ser un actor relevante, a una comparsa.

La bravura característica del bos taurus ibericus se ha diluido hasta ser patiño de un negocio en que aquélla y el trapío se sacrifican, en pos de una mansedumbre obediente. Los toros como espectáculo han perdido su esencia emocionante y el resultado se puede ver en las plazas vacías, el caso más representativo es el de la México.

La situación actual es producto de un proceso de muchos años, en el cual los toreros han secuestrado el poder; para beneficio de muy pocos, los matadores están montados en una dictadura, de la cual se empobrece la fiesta brava en lo general.

Las denominadas figuras cuentan con la complicidad de ganaderos y empresarios, que con tal de tenerlos en sus ranchos, yates o fiestas acceden a todos sus caprichos.

El toro tiene que empoderarse de nuevo y para eso es indispensable que la bravura se vuelva a convertir en el bastón de mando, y quien quiera ser rico y famoso como torero tenga que superar esa aduana.

Al menos en México predominan en los carteles las mismas casas ganaderas, un par de decenas, que por cierto tienen en común la falta de bravura, mientras que en el país hay alrededor de 300 hierros.

Los tiempos de la comodidad y de la falta de competencia ya terminaron, pero los taurinos no se han dado cuenta.

jesus.zarate@milenio.com