Contraquerencia

Dos ejemplos de defensa de la fiesta

Sevilla tiene una tradición para promover su feria de abril que debemos envidiar, por lo exquisito de sus formas y por la repercusión que alcanza. Me refiero a su pregón taurino. Este acto solemne de convocar a las corridas en la Real Maestranza es realizada por algún ilustre que da lectura a una peculiar invitación. Entre los pregones de Sevilla se encuentran los escritores Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Arturo Pérez Reverte. Es un espacio, por lo general ocupado por grandes intelectuales de nuestros tiempo, pero que en esta edición 2014 fue reservado para una figura política, la de Esperanza Aguirre, quien han  sido presidenta del Senado español, presidenta de la Comunidad de Madrid y ministra de Educación y Cultura, entre otros puestos. Esperanza ahora puede sumar a su currículo ser la primer mujer en fungir como pregón.

En la parte medular de su defensa de la fiesta Esperanza Aguirre sostiene que con “el toro bravo, los ganaderos se dedican, desde hace siglos a guardar como un tesoro su bravura y su fiereza. Gracias a ellos, que hacen su trabajo con un mimo y una maestría admirables, se ha conservado este prodigioso animal, que, sin sus cuidadosos criadores, hoy no existiría. Esto es bueno que lo sepan algunos bienintencionados que mantienen posturas antitaurinas basadas en criterios ecologistas de defensa de los animales. Nadie protege más y mejor a esa maravillosa especie animal del toro bravo que los ganaderos, los toreros y los aficionados. Sin ellos se habría perdido el toro bravo y solo quedarían bueyes, que son estupendos para tirar de los carros, para arar y también para comérnoslos, pero que no son indómitos, luchadores, ni se crecen ante el castigo, como hacen los toros bravos”.

El pregón taurino de Sevilla no fue el único caso en estos días de defensa frontal de la fiesta brava. En Francia, en Arles, para ser precisos y de cara a su feria anual, una manifestación de casi 10 mil personas se expresó de manera pacífica en pro de su derecho a asistir a las corridas de toros. Esta demostración contrastó con otra calculada en  no más de 50 personas que protestaron contra las corridas. Mucho que copiar, para defender la fiesta de este lado del Atlántico.

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