Contraquerencia

Es la bravura....

"Es la economía, estúpido”, fue la frase de campaña que utilizó Bill Clinton contra el candidato puntero George Bush, quien en 1992 hacía de la guerra en Iraq y de la política exterior, su principal arma de campaña.

Sin embargo, su rival Clinton entendió que lo verdaderamente importante para el pueblo estadounidense era algo mucho más cercano para la población, como el acceso a la salud y el bienestar económico.

Al final Clinton ganó la presidencia y su eslogan se quedó para la posteridad y se ha usado en diversas maneras para hacer alusión cuando alguien no ataca el problema de raíz. Una frase que en el tema taurino bien puede aplicarse como “es la bravura, estúpido”.

Hay dos temas que tienen preocupados a los profesionales taurinos: uno es la crisis que por todos lados se intenta ocultar, pero que se refleja en las plazas vacías. La gente va en menor cantidad a las plazas y cada año se hacen menos festejos, eso es una realidad irrefutable.

El otro tema es el continuo ataque a la fiesta brava por parte de los movimientos antitaurinos que han puesto las cosas de cabeza en lugares como Coahuila. Los taurinos siguen buscando explicaciones y reproches en la falta de promoción, en la ausencia de los grandes medios electrónicos de la fiesta de toros, de la falta de figuras de gran arrastre de taquilla.

Lo que no se dice y, mucho menos se quiere ver, es que lo faltante en las plazas de toros es el componente de la bravura.

Los toreros siguen imponiendo el ganado de hierros comerciales que se distinguen por su demanda, precisamente porque se distinguen por su mansedumbre. De cada cien toros lidiados, menos del diez por ciento presentan condiciones de bravuras y en consecuencia de emoción.

El resultado es que las corridas se vuelven aburridas y tediosas, lo que sumando a lo costoso de los boletos aleja a cualquiera.

Mientras tanto, los taurinos no se explican las escasas entradas, se buscan nuevas formas pero ninguna que pase por el rescate del toro bravo.

Cuando la bravura está presente en el ruedo se manifiesta el milagro de la magia del toreo, la misma que llena los tendidos y que haría poco menos que imposible su prohibición en cualquier sitio, debido al impacto económico y cultural que genera la fiesta brava cuando está en plenitud, o ¿alguien se imagina Pamplona sin toros? No se han dado cuenta que es la bravura, estúpidos.

jesus.zarate@milenio.com