Contraquerencia

“Es la bravura..., estúpido”

Tal vez con el paso de los años ya no se recuerde que el entonces gobernador de Arkansas y aspirante a la presidencia de Estados Unidos, Bill Clinton, soltó en 1992 la punzante frase “es la economía estúpido”, dirigiéndose al entonces presidente George Bush, y señalándole el tema principal que había que atender.

La frase, aunque no nueva, viene como anillo al dedo, antes los argumentos de que si el toro mexicano es muy superior al toro español, que si los de tres años embisten mejor que los de cinco, que como la calidad del ganado nacional no hay otro. A final de cuentas lo que único que vale es la bravura.

El toro mexicano tiene por obra y gracia del talento ganadero, la característica de una embestida rítmica, prolongada y con tersura. El sueño de cualquier torero. Pero esta misma cualidad ha provocado que por abuso, los criadores de toros, en afán de quedar bien con los toreros hayan disminuido el ingrediente esencial de la bravura, hasta conseguir un animal bobalicón, inexpresivo y sobre todo carente de cualquier sensación de peligro.

El domingo anterior se lidió en Guadalajara un encierro de Barralva, con cinco años, y de procedencia española vía Atanasio, mismo que rompió con varios mitos. A pesar de su edad, embistió sin complicaciones, sin ser el demonio que muchos anticipaban, uno de ellos, el cuarto mostró calidad en su embestida y demostró que muy independiente de la geografía cuando la bravura está presente regresa la grandeza del espectáculo. El público estuvo cautivo durante toda la corrida de cuanto acontecía en el ruedo.

Con la capacidad de los ganaderos mexicano se puede retomar el ingrediente de la bravura y volver a general un toro que vaya a los engaños con franqueza, pero que no pierda la bravura: Para colmo muchas casas ganaderas mexicanas han abusado de buscar un animal con cada día menos pitones, y de esta forma abundan los capachos, cornicorto y brochos.

Estamos en pleno siglo 21, con la ciencia y la tecnología a favor, no se puede creer, que sin desvirtuar las diferencia fenotipicas del toro mexicano se puedan tener toros bravos. Es una cuestión de voluntad, primero de los ganaderos y segundo de las empresas, ¡que no entienden que es la bravura…! 

jesus.zarate@milenio.com