Contraquerencia

68 años que ya pesan

Ayer cumplió 68 años la venerada Plaza México y la verdad es que ya se le notan mucho las arrugas. Es común en esta fecha leer en la prensa de todo tipo reseñas históricas del coso más grande del mundo, con aforo para poco más de 40 mil personas. Sin embargo, creo que más que detenerse en su pasado, hay que preocuparse por su presente y su futuro.

El eslogan que ha mantenido la México es el de “la más grande y cómoda del mundo”, de lo cual solo lo primero es verdad. Para empezar, es una odisea lograr un lugar de estacionamiento, los “viene, viene” y policías hacen su negocio rentando los lugares.

Ya dentro de la plaza, los lugares son apretados, mal pintados, aunque la vista es perfecta desde cualquier punto. Donde la monumental tiene más cicatrices es en todos sus elementos constructivos. Las columnas de la entrada están agrietadas, en la parte superior de la construcción y que corresponde a los lugares de general se puede apreciar a simple vista las varillas, que han quedado al descubierto por los fragmentos de cemento que han caído. Los baños son indignos de un coso que se presume como las más importante de América Latina.

Alrededor de la parte más alta de la plaza hay un banner con el nombre y logro de la plaza, roto y maltrecho, en un indiscutible signo de olvido y falta de mantenimiento. La plaza no se ha adecuado a los tiempos modernos y es cada vez más obsoleta y maltrecha. El asunto es que no parece haber interés de nadie por renovarla y darle el trato digno de una señora que está por cumplir 70 años. La empresa que dirige Rafael Herrerías renta la plaza, por lo que no es difícil imaginar que poco interés tenga en invertir en una remodelación que le dé vida nueva a la plaza.

Además, en estas fechas es una pesadilla comprar un boleto en taquillas, los vendedores demoran una eternidad para venderla, mientras una horda de revendedores con el mayor cinismo ofrece su encarecido producto a los desesperados aficionados que a veces sucumben a la tentación de comprar en la ilegalidad lo que no se les ofrece con prontitud en taquilla.

Aun así, asistir a una corrida de toros en la Plaza México es una experiencia que todo aficionado a la fiesta brava debe vivir, pero mucho mejor si pudiera presumir con dignidad sus 68 años. A su precario estado físico se suma la pérdida de categoría de plaza. La México se merece un mucho mejor trato y no solo recordar que el toro Jardinero de San Mateo fue el primero en pisar su ruedo. 

jesus.zarate@milenio.com