Contraquerencia

El adiós de un intenso "Pana"

Arrebatado, excéntrico, pasional, pero sobre todo único en su estirpe fue a lo largo de toda su existencia Rodolfo Rodríguez El Pana. Después de permanecer 32 días postrado sin moverse en una cama falleció hace una semana en Guadalajara, a donde llegó para ser atendido en el Hospital Civil.

Un paro cardíaco se llevó la existencia terrenal del Pana, a lo que siguieron homenajes en el ruedo de la plaza Nuevo Progreso y posteriormente en su natal Apizaco, Tlaxcala. Las muestras de cariño hacia el torero del pueblo son conmovedoras.

Siempre la muerte de un torero a causa de un percance en el ruedo se vuelve una noticia que trasciende el ámbito taurino, pero en el caso del Pana se convirtió en el último capítulo de una vida peculiar e intensa.

El Pana es un personaje irrepetible, con una mística y vocación que se volvieron en su forma de ser las 24 horas del día. Como humano fue presa de altibajos y vicios como aquella bestia del alcoholismo al que terminó por vencer. Pero sobre todo fue un torero con un sello propio y con tremendo arrastre popular.

De novillero llenó la Plaza México, luego tuvo años de ostracismo y olvido, y un resurgimiento digno de una película en 2007 tras la faena a Rey Mago en el Coso de Insurgentes. Una vida de más dramas que alegrías, que encontró su final en el coso de Ciudad Lerdo, pero nadie podrá borrar el recuerdo de un hombre entregado a su pasión, y que siempre será recordado con el grito de batalla de “arriba El Pana”.

Uno de sus grandes pendientes fue su confirmación en Madrid, plaza que por cierto le tributó un sentido homenaje el día posterior a su fallecimiento.

El Pana siempre se refería como un hecho a su próxima confirmación en Las Ventas, pero muchos son los que pueden presumir de torear en Madrid, pero muy pocos en esta época pueden ufanarse de ser toreros de la legua como Rodolfo, aquellos que se forjaron en el hambre y recorriendo caminos a merced de su suerte.

La figura del Pana sin duda se va a engrandecer con el paso del tiempo, cuando se pueda contemplar en perspectiva la dimensión del personaje, que siembre esbozaba una gran sonrisa traviesa y presumía que tenía igual habilidad con el lenguaje que con capote y muleta. 

jesus.zarate@milenio.com