Contraquerencia

Triunfalismo, la nueva apuesta

Cualquiera que vea los números del actual serial en la Plaza de Toros México fácilmente pensará que se trata de un temporadón de época, que en apenas cuatro tardes se den cinco salidas a hombros, un indulto, 11 orejas cortadas, es por decir lo menos el sueño hecho realidad de cualquier aficionado. Pero hay algo que no termina de cuadrar en este exitoso escenario, y es que los tendidos del coso monumental siguen medio vacíos, y ya decir medio es mucho.

La empresa que comanda Rafael Herrerías parece que tiene la encomienda de vender una temporada triunfalista a como dé lugar. El primer paso ha sido el más fácil, las “autoridades” de plaza están en la bolsa, y premian con orejas a diestra y siniestra. Los jueces de la México compiten por el título del pañuelo más veloz de Insurgentes. Eso de fijarse en las condiciones del toro, la estructura de la lidia, la colocación de la espada es algo que no importa, ni siquiera se tienen que fijar en si los aficionados piden las orejas. El domingo anterior hasta el matador José Mauricio parecía sorprendido que le dieran un apéndice, que terminó por esconder, si bien dicen que lo malo no es ser puerco, sino trompudo.

Los jueces también ayudan a una temporada triunfal aceptando todo lo que llega a los corrales de la Plaza México. No importa si no cumplen con la edad ni con el trapío, si parecen novillos, no hay que rechazar nada. Todo pasa por el rasero de los jueces para no poner complicaciones a una temporada que tienen que presumir triunfos. Al fin el público capitalino ya está resignado a los animalitos que se lidian en su plaza.

Y para rematar el numerito triunfal, los toreros muestran con cinismo los devaluados trofeos, al fin que la mayor parte de los “medios especializados”, que dependen  de cobrar en la empresa se encargarán de pregonar los triunfos. Como en los viejos tiempos, cuando acarreados con torta y refresco pregonaban en multitudinarios mítines las bondades del sistema.

Sin embargo, en esta vorágine de triunfos y optimismos el público sigue sin asistir a la Plaza México. Los pocos que van lo hacen resignados a un espectáculo devaluado. No siempre se pueden vender espejitos con éxito.

jesus.zarate@milenio.com