Contraquerencia

Termina como empezó

No se trata de hacer leña del árbol caído, pero lo cierto es que el domingo llega a su fin una de las peores temporadas de la Plaza México. Desde el anuncio de los primeros 12 carteles comenzó la decepción de un serial en el cual abundaron los fracasos, por encima de lo positivo.

Para el cerrojazo se presentará un cartel sin ninguna importancia, y aunque sin faltar a los respeto a los matadores, los tres con méritos para volver a actuar en La México, se trata de una combinación pobre y que no reviste mayor interés para los aficionados. La mala entrada está garantizada.

Pero al final, hay que sacar conclusiones de lo vivido en moribunda temporada. Para empezar, hay que consignar que fue un rotundo fracaso la estrategia de abaratar los trofeos. Durante las primeras corridas fue evidente la concesión de orejas al por mayor, con la complicidad de los medios que fungen como porristas, pero el público no tragó el anzuelo. Se convirtió en algo más fácil cortar una oreja en La México que cruzar una avenida a pie. La devaluación no llevó a ningún lado.

Otro gran desacierto fue el nulo rigor para la presentación de los encierros. La emoción del toro bravo estuvo ausente en la mayoría de las corridas, ya sea por imposición de los toreros extranjeros o por lo mezquino de una empresa que no conoce nada de calidad ni servicio al cliente.

En lo positivo hay que resaltar que fueron los matadores mexicanos los mayores protagonistas, que cuando el toro bien presentado estuvo en el ruedo, el público lo agradeció.

Lo que seguiría es que la empresa reflexione y tome en cuenta las opiniones de sus clientes, los que pagan un boleto o se ausentan, que también en un acto de justicia deje de darle tantas concesiones a los extranjeros que ni meten gente y tampoco triunfan, como por ejemplo los casos de Alejandro Talavante y David Fandila El Fandi.

Es tiempo de volver la cara hacia los clientes, ver lo que los satisface. A final de cuentas parece difícil que la Plaza México resista otra temporada tan catastrófica, y tampoco la grandeza de su historia lo merece.

jesus.zarate@milenio.com