Contraquerencia

Sevilla tiene cólico

Haciendo un símil con el mundo del tenis, la plaza de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla es el equivalente al estadio de Wimbledon. No se trata del de mayor aforo, como sería el US Open o la Plaza México, tampoco más mediático o el que genera el mayor dinero. Su esencia es el mayor de sus activos.

Así como en el All England Lawn and Tennis Club, el ritual se preserva hasta en la inmaculada vestimenta de los contendientes, pasando por los postes de madera o la inusual grama, ya superada por otro tipo de superficies más modernas, en la Maestranza lo que se valora es la liturgia y el rito mismo del toreo. Se trata de la Catedral que resume el origen y los valores propios del mundo del toro, es como la vitrina a la que hay que asomarse para ver las joyas de la corona.

Pero con todo y su alcurnia, Sevilla vive retorcida en pleitos intestinales que la exhiben con unos cólicos que comprometen por segundo año consecutivo el éxito de su Feria de Abril, que incluye la legendaria corrida del domingo de Resurreción.

En 2014 no hubo un solo lleno absoluto ante la negativa de cinco figuras (Juli, Morante, Manzanares, Talavante y Perera) de actuar en su albero ante las diferencias con los empresarios Eduardo Canorea y Ramón Valencia.

Este año, la situación se ha enredado aun más, José Mari Manzanares decidió darle el sí a Sevilla, lo que crispó aun más el enrarecido ambiente de los toreros inconformes con la empresa. Morante de la Puebla parece ser el líder de la insurreción, lo que hace a no pocos suponer que detrás están las intenciones del grupo Bailleres de tener más poder en plazas españolas, después de la reciente formación de la Fusión Internacional por la Tauromaquia (FIT), que dirige los destinos de 22 plazas en tres países. Desmentidos y versiones van y vienen, pero lo cierto es que los cólicos siguen aquejando a Sevilla y que de nueva cuenta tendrá una feria devaluada.

En México circulan en redes sociales las imágenes de un pitón pegado con un alambre de un toro que lidió Joselito Adame en Mérida. El silencio de la empresa, ganaderos, toreros y autoridades de plaza es angustioso ante la sospecha de un acto indignante. Algo así como un crimen de leso taurinismo, cuesta creer que algo así haya ocurrido, y si así fue, es menos entendible que no haya consecuencias.

jesus.zarate@milenio.com