Contraquerencia

“Prohibir no es proteger”

Ese fue el título de la columna de Carlos Marín del pasado martes, mismo que por ser tan atinado me permito reproducir y desde aquí mandarle una disculpa por el respetuoso plagio.

En su Asalto a la Razón, Marín se refería a la prohibición en el DF a que los circos utilicen animales en sus espectáculos “todo está dirigido a satisfacer un doble, pero infame propósito: jugar a que se defiende a los animales y acabar con una sana diversión familiar. “Se alega como coartada que se quiere proteger de malos tratos… para que distintas especies representen lo que de manera natural no harían… ¿Qué se les ocurrirá a esos legisladores frente a los jaripeos, las carreras de caballos, los pajaritos que ‘leen’ la suerte, la realización de exhibiciones caninas”.

Pues este argumento de que prohibir no es proteger es justo lo que los antitaurinos no han entendido sobre la fiesta de los toros. Con campañas cada vez más violentas, llenas de odio, con escasos argumentos, los antis solo luchan por la abolición de los festejos taurinos, pero nunca hablan de proteger al toro, de garantizar su existencia y su calida de vida.

En el tema de la fiesta brava, la prohibición es igual al exterminio del toro de lidia. Nadie ha levantado la mano para ofrecer una solución en beneficio del toro. Aunque no les guste el mayor protector del toro y su entorno es el taurino. Es España, por causas de la crisis económica, son varias las ganaderías de bravo que han desaparecido y mandado al ganado al rastro, en un toricidio, ante el cual ningún anti se ha escandalizado y mucho menos ofrecido a darles sustento.

En ese mismo sentido, hoy más que nunca es importante que los sectores profesionales del toreo se empeñen en dar y pregonar hacia el toro el mejor trato, desde su nacimiento, su crianza, su traslado a la plaza, su integridad al salir al ruedo. Ese es el mejor argumento ante quienes solo ven como objetivo la prohibición aunque eso suponga el exterminio.

jesus.zarate@milenio.com