Contraquerencia

Predomina el "minitoreo"

Hace alguuos años en el tenis acuñaron el término minitenis para hacer más fácil la enseñanza del deporte blanco a los chiquitines, la cancha se acorta, una red más baja, pelotas de bote suave y pelotas más pequeñas, en lugar de las medidas y pesos de los adultos que convertían el aprendizaje del tenis en una pesadilla para los menores. Así, desde los cuatro años cualquier pequeñín puede jugar desde su primera lección.

Pero lo que para muchos es bendición, para otros es la perdición. De la misma manera, desde hace años en plazas mexicanas prevalece el minitoreo. Comenzando porque al toro, salvo muy contadas excepciones, se le escatima el tamaño, sus defensas y la edad.

Mucho más lamentable es que el minitoreo ha provocado que la bravura sea mínima también. Al grado que ahora abundan los minipuyazos y el público se ha acostumbrado a ovacionar a los piqueros por no dar puyazos, pero no lo hacen por ser almas samaritanas, sino por lo que los minibravos no soportan un puyazo de ley.

El colmo del minitoreo es que ahora los matadores tienen que cuidar al extremo a los cornúpetas, sin obligarlos, mucho menos lidiarlos, y si todo va bien y la suerte sonríe, habrá algunos muletazos de calidad, que por consecuencia pueden provocar una minifaena.

Para colmo, los toreros ahora son más amigos que nunca y eso de la competencia es algo que solo buscan en los precios del supermercado. El colmo del cinismo ha sido la alternativa de Fermín Espinosa Armillita, cobijada en una temporada novilleril sin alternar con sus pares, y desde luego el minitorito en la ceremonia de titulación, es solo un ejemplo como existen muchos más.

Temporada a temporada nos vamos acostumbrando a conformarnos con menos, los toreros y sus apoderados lo quieren todo cada más fácil, el billete grande con poco riesgo, el torito pastueño, que en la versión oficial es el único que permite el toreo que hoy gusta. La cultura del poco esfuerzo se ha propagado en la tauromaquia con la consecuencia de que el público se aleja sigilosamente de las plazas sin  la menor intención de volver.

El minitoreo ha llegado para quedarse en detrimento directo de la emoción. La única diferencia con el minitenis, es que en aquel los niños se divierten al por mayor.

jesus.zarate@milenio.com