Contraquerencia

Par de instantáneas de La México

Rafael Vázquez Bayod, jefe de los servicios médicos de la Plaza México, afirmó que la cornada que sufrió Mauricio Martínez Kingston hace una semana es la más grave que le ha tocado atender. Un toro de San Marcos le destrozó al subalterno el costado izquierdo con daño al pulmón, del que ya sufrió una amputación parcial, así como afectaciones severas al pericardio y vasos vasculares.

Mauricio, aunque esá en terapia intensiva, vive gracias a la pronta y eficaz atención del cuerpo médico que en 15 minutos, a lo mucho, lo estabilizó y envió a un hospital para ser intervenido. Una cornada mortal que ratifica la destreza y capacidad de los médicos taurinos mexicanos. Viene lo duro para Mauricio. Una larga y dolorosa recuperación con la incertidumbre de conocer cuáles serán las secuelas. Su calidad de vida y su fuente de ingresos están comprometidas. La Unión de Banderilleros también tiene un fuerte reto para solventar los costos de una herida así. Todos han estado a la altura.

Pero en la misma Plaza México se vio el domingo un pasaje de la vulgaridad que retrata la categoría de quien maneja el coso. Al sexto toro de la tarde se le cambió el nombre y saltó al ruedo bautizado, seguramente al calor de la ira o de las copas, como Juezpen, en un claro insulto al juez de plaza, quien se negó a otorgar una oreja a uno de los matadores.

Se trató de una conducta que denigra tanto a La México como a los actuantes esa tarde, y es una ofensa para el público. Los socios de la ganadería La Punta se deslindaron del hecho, mientras que la empresa guarda un cobarde silencio, así como los medios taurinos que comen de su mano. Se vale diferir, pero ni la plaza ni la afición merece que la vulgaridad de la empresa que maneja Rafael Herrerías se manifieste en contra de la categoría. Que se guarde sus patanerías para su casa.


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