Contraquerencia

Morante, regresó la pasión

La corrida 14 de la Temporada Grande en la Plaza México trajo de regreso la magia del toreo de Morante de la Puebla. Siendo un matador de vena artística no es la regularidad su principal cualidad, pero la suple con una interpretación de una dimensión que pocos pueden alcanzar.

Sin dudarlo, la faena a Debutante fue de gran calado y tuvo la virtud que el público la pudo paladear en cámara lenta, sin apresuramientos y rebozando en cada lance o pase que interpretó Morante.

Después de consumada la obra, se ha producido el fenómeno de los morantistas que elevan la obra a niveles de culto y deidad, toda clase de exageraciones caben al calor de la emoción.

Pero también, se han hecho escuchar los antis del matador, que le quitan méritos a lo visto en el ruedo de La México.

Morante logró una faena inteligente, dando los tiempos y las distancias que el astado requería. Fue evidente una actitud triunfadora de torero que otras ocasiones parece estar a disgusto con todo.

El Morante del domingo fue su mejor versión, lleno de inspiración, buen gusto y cadencia. Está de regreso en México y con ello la pasión positiva y negativa que genera.

Tampoco puede ocultarse la falta de presencia y bravura del astado de Teófilo Gómez, que impidió que la faena cobrara alturas superiores, dado que se trataba de un animal que pasaba sin codicia, y todo el mérito lo tuvo el torero. La misma faena ante un toro bravo hubiera sido de antología.

Al tema de los toros se suma el del premio de las dos orejas, que ha decir verdad termina siendo lo menos relevante.

En La México prevalece tal desorden y falta de rigor en la concesión de trofeos que ya es irrelevante el número de orejas, la faena de Morante está lejos de poder contar con el aval de jueces tan ineptos.

Para rematar, estuvo la actuación sólida de un Octavio García El Payo, muy por encima de las condiciones de sus enemigos, y por el contrario el junior Fermín Espinosa IV sigue sin mostrar argumentos sólidos.


jesus.zarate@milenio.com