Contraquerencia

Monterrey, en el desamparo

Los grupos antitaurinos deben haber festejado a lo grande lo que sucedió el viernes anterior en la Monumental de Monterrey cuando se dio una corrida indigna, que no hizo más que espantar a la cada vez más escasa afición de esa localidad.

Ninguna manifestación antitaurina es más eficaz que lo que logró el encierro de San Pablo que se lidió en suelo regiomontano en una nueva burla para los aficionados.

Hace no mucho platicaba con taurinos de esa ciudad que casi con nostalgia recordaban tiempos mejores y que mencionaban, con no poco reproche de por medio, que la fiesta brava se apaga poco a poco en Nuevo León.

Con golpes tan contundentes como el del viernes pasado es entendible que el aficionado se aleje de los tendidos. El colega Martín Banda incluso recogió unas declaraciones de pena ajena del juez de plaza, Antonio Quiroga, quien argumentó que aceptaron “chivitos con pocos cuernos”, porque así lo había demandado el español Manuel Díaz El Cordobés. El colmo del cinismo.

Lo más lamentable es que a casi una semana, nadie de los “profesionales” del toreo ha mencionado una palabra. Cuando menos se esperaría que la Asociación de Matadores se manifestara públicamente indignaba por lo que sucedió y se comprometiera a evitar que suceda algo similar en un futuro, o bien que la Unión de Criadores de Toro de Lidia hubiera cuando menos amonestado al hierro de San Pablo por prestarse a tal ridículo, pero la verdad es que a nadie le importa un carajo.

Los toreros, autoridades, subalternos, ganaderos y la empresa parecen coludidos en hacer desaparecer la fiesta brava en Monterrey, una tierra que tiene abolengo, nada más hay que recordar que es de donde provienen glorias del toreo como Lorenzo Garza, Manolo Martínez o Eloy Cavazos.

Hasta hora se siguen echando la “bolita” de lo ocurrido la gerencia de la plaza de toros y el juez de Plaza. Siendo prácticos, todo se hubiera detenido si el juez hubiera rechazado el encierro, pero cuando menos a mí me indigna mucho más que ganaderos, toreros y empresa no tengan dignidad, contra eso no se puede hacer nada.  

jesus.zarate@milenio.com