Contraquerencia

Madrid, entre el amor y el odio

Claramente la Comunidad de Madrid tiene una extraña relación de amor-odio con la fiesta brava, uno de los íconos más representativos de la cultura española.

Las primeras manifestaciones de odio quedaron plasmadas sin mayor recato por la propia alcaldesa Manuela Carmena, quien tras asumir el cargo en 2015, sacó cualquier referencia de los toros en la página oficial de Madrid, en donde antes se promovía como una actividad turística de interés general.

No fue el único agravio de parte de Carmena. A la vuelta de unos meses y en un acto de autoritarismo, decidió cancelar los apoyos financieros para la Escuela Taurina de Madrid.

Por un lado, argumentó que el gobierno municipal no debía gastar dinero en una academia para toreros (unos cuantos cientos de miles de euros por año), pero por el otro el mismo gobierno se embolsa una gran cantidad de millones de euro, casi 50, en los últimos años por concepto de licitación de la Plaza Toros de Las Ventas, así como el cobro de otros impuestos y derechos.

En la otra mano, el mayor acto de amor hacia la fiesta taurina, fue la anterior edición de la Feria de San Isidro, que en 31 festejos consecutivos convocó a 650 mil espectadores, amén del éxito artístico vivido en varias tardes.

Otra caricia hacia los toros se produjo hace apenas unos días, con la promulgación en el pleno del Ayuntamiento de Madrid de la Feria de San Isidro como de interés general para Madrid, lo que le confiere ciertos privilegios en cuestiones de reglamentación.

La concejal María Carmen Castell defendió "la principal feria taurina del mundo, que tiene un impacto económico de 60 millones de euros; 650 mil personas acuden a San Isidro y un millón lo hacen a lo largo del año", ha señalado. "No se entendería un rechazo a esta iniciativa, salvo desde la más profunda y radical de las ideologías; su interés y beneficio para la ciudad son indiscutibles", dijo Castell.

Pero hace apenas unos días se produjo otro episodio de resabio contra la fiesta, con la publicación de la bases para licitar la Plaza de Las Ventas; que hay que recordar que es propiedad del gobierno de Madrid.

En dichas bases se obliga a la empresa ganadora a mantener la nueva escuela taurina, se acumulan las restricciones, y no hay un solo renglón que comprometa al gobierno madrileño a realizar mejoras en las instalaciones de la plaza, en beneficio del aficionado, que tanto olvidan, pero del que reciben gustosos su dinero.

jesus.zarate@milenio.com