Contraquerencia

Cierre sin brillo

Guadalajara cerró su temporada de novilladas, de apenas seis festejos, con un festejo de triunfadores, en el cual ninguno de los actuantes tuvo la capacidad suficiente para alzarse victorioso.

En seis novilladas hubo tres encierros: Guadiana, El Vergel y De Haro, que dieron motivos suficientes para alcanzar un triunfo grande.

Del lado de los novilleros destacaron José María Pastor, Miguel Ángel Pacheco, José María Hermosillo, Román Martínez y Gerardo Rivera.

Pero el sino de la minitemporada tapatía, que por cierto contó con grandes entradas, se vio marcado por el pésimo desempeño de todos los jóvenes en la suerte suprema.

Todos los actuantes aspiran y trabajan para convertirse en matadores de toros, pero todos y cada uno de ellos fallan en lo más elemental de la profesión: no saben darle muerte digna y pronta a sus enemigos.

Todos exhiben fallas técnicas básicas, el caso más patético es el del tlaxcalteca Gerardo Rivera, quien a las puertas de la alternativa acumuló seis avisos en tres novillos.

La situación empeora cuando se trata de usar el descabello como último recurso, la mayoría no tiene ni idea, situación que pone en evidencia la pobreza de instrucción que reciben por parte de sus mentores.

La novillada de triunfadores cerró sin corte de orejas, y hasta el lunes se designó a José María Hermosillo como el ganador del trofeo Manuel Capetillo, cuando más hubiera valido declararlo desierto.

Con gran pesar se recibió a principios de semana la noticia del fallecimiento del actor, pero también ganadero y torero Gonzalo Vega.

Aunque se sabía de su grave enfermedad, no dejó de ser una sorpresa, ya que se trató de un apasionado de su trabajo y de la fiesta brava, siempre dispuesto a dar la batalla en cualquier ruedo o escenario en el que se encontrara.

Tuve la fortuna, durante el tiempo que por cuestiones de trabajo residí en la Ciudad de México, de compartir con Gonzalo el tendido en la Plaza México.

Enterado del toro y de sus misterios, amable y siempre de buen humor, disfrutaba cada tarde de toros a la que asistía.

Será difícil acudir a la Plaza México y observar el lugar que ocupó un hombre entregado a lo que amaba: su carrera de actor, y su labor como ganadero de reses bravas.

Olé, Gonzalo. 

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