Contraquerencia

Guadalajara marca la pauta

No es ninguna novedad que la Plaza Nuevo Progreso de Guadalajara sea la única en que se lidia el toro como debería ser en todos los cosos de la República. De hecho, la mayoría de los matadores extranjeros y mexicanos le tienen un especial escozor, por lo exigente de su afición, y si no, que le pregunten a Diego Silveti, tras su actuación del domingo pasado.

En la primera corrida de la temporada se jugó un imponente encierro de Villa Carmela, que echó por tierra el mito, promovido por toreros y empresarios, que el toro serio no permite el toreo de calidad, para muestra quedan las dos faenas de un clasicismo espléndido de Daniel Luque. Guadalajara marca la pauta que el toro íntegro, con edad y trapío es también materia prima de grandes faenas.

Por el contrario, los defensores del novillo bobo, se mofan de Guadalajara diciendo que el toro-toro no llena la plaza, como indicativo que ese no es el camino. Ese absurdo argumento lo mismo lo pregonan toreros, subalternos y hasta periodistas.

Es muy cierto que ningún encierro va a llenar las casi 17 mil localidades del Nuevo Progreso, pero los fraudes con el ganado son los que han sacado a los espectadores de todas las plazas del país, basta ver la entrada del mismo domingo en la Plaza México. La presencia del toro es el punto de partida y cimiento del espectáculo taurino.

Este domingo en La México estará el hispano Julián López El Juli, uno de los matadores que imponen en nuestro país el toro chico, sus apoderados, al igual que los de Morante, Enrique Ponce y otros, se vuelven locos cuando ven un toro serio en los corrales de una plaza y exigen a las autoridades que por ningún motivo sean incluidos en el orden de lidia. Espero equivocarme y que en la corrida, que además se televisa a todo el país, salga el toro auténtico. Hace falta que le sigan el ejemplo a la Plaza de Guadalajara.


jesus.zarate@milenio.com