Contraquerencia

Egoísmo y televisión

La corrida del próximo domingo 4 de septiembre en Valladolid, España, está llamada a ser un gran suceso, tanto por el objetivo de homenajear a Víctor Barrio, como por la repercusión mediática de conjugar a nombres como los de Juan José Padilla, José Tomás, Morante de la Puebla, el Juli, José Mari Manzanares y Alejandro Talavante. Pero el eco podría ser mucho menor, dado que la posibilidad de que el festejo pueda ser televisado se ha ido diluyendo, principalmente por la postura que tiene José Tomás de no ser  televisado.

El egoísmo de José Tomás no es nuevo y mucho menos único, pero cuesta trabajo entender cómo en tiempos en que hace falta la promoción de la fiesta brava y de sus valores, los intereses personales se antepongan.

Los toros han tenido una relación complicada con el principal medio de comunicación de nuestros tiempos. Lejos de crecer al amparo de la pantalla chica, la tauromaquia se ha ido apartando de la difusión de los medios electrónicos para sumirse en un ególatra mundo que cada día es más  pequeño.

Hace unos días el diario español El País publicó un interesante reportaje de cómo la fiesta brava pasó en 40 años de tiempos de bonanza a tiempos complicados, y cómo ha perdido arrastre popular, frente a otros espectáculos.

El mejor ejemplo del egoísmo mal aplicado lo tenemos en México; cuando Manolo Martínez sacó las cámaras de la plaza buscando para sí mismo un mayor beneficio económico. Y es que el choque de posturas alejó a la televisión de los ruedos. La misma historia que se ha mantenido con los subalternos que con una corta visión pelean a capa y espada el pago de unos derechos que están lejos de generar. La difusión televisiva de los toros es casi nula, y su alejamiento ha tenido resultados tan negativos como la cancelación de las temporadas de novilladas en Arroyo.

Tanto en México como en España prevalecen los intereses particulares muy por encima de aquellos que van en beneficio de la fiesta y de los aficionados. Las noticias taurinas se esconden, se evita la presencia de las cámaras en las corridas, pero a la par, sin mayor recato, se reclama por la falta de público en los tendidos.

Si el festejo en el homenaje del 4 de septiembre no se televisa, habrá triunfado de nueva cuenta el egoísmo de algunos cuantos por encima del bien común.

jesus.zarate@milenio.com