Contraquerencia

Desprestigio ganadero

Hay algo que se llama prestigio y que no se puede comprar en ningún lado. Los mercadólogos saben muy bien que lo que construye el valor de una marca comercial es su prestigio, su imagen, ya que está asociada con calidad, innovación, tendencia, lujo, intelectualidad, entre otra serie de intangibles que la sociedad considera como valores aspiracionales.

Es el mismo caso en los toros, las casas ganaderas han ido contruyendo o desbaratando su prestigio según sea el caso. Por ejemplo, el domingo 15 de este mes en Guadalajara se tuvo que lidiar medio encierro de La Estancia porque no tenían el trapío para una plaza como el Nuevo Progreso, para colmo, después de los exámenes post mórtem se descubrió que uno de los toros lidiados por Roca Rey no tenía los cuatro años de edad que marca el reglamento. La Estancia fue castigada con dos años de suspensión para lidiar en la Perla Tapatía, lo cual no es ninguna garantía que se cumpla, ya que por lo general, con ayuda de sus abogados apelan la sentencia y no en pocas ocasiones han revertido los fallos.

El tema es que así como La Estancia desprestigia su nombre, otras ganaderías ya se asocian de inmediato al novillo por toro, y a la mansedumbre manfiesta. Hay "marcas" que ya sabemos que nos tienen casi garantizado el fracaso del toro bravo, por citar algunas están las de Teófilo Gómez, Bernaldo de Quiroz, Fernando de la Mora, Julián Hamdan.

La pregunta que queda sin respuesta es, ¿qué lleva a un ganadero a desprestigiar su hierro? ¿Hasta dónde llega la falta de dignidad de un criador que se presta para el fraude sistematizado?

Es ahí cuando toma relevancia aquellos criadores que se mantienen fieles a sus conceptos de grandeza del toro bravo, a final de cuentas construyen una marca en la cual se puede creer. Cuando el toro auténtico salta al ruedo el público valora todo lo que se sucede en el ruedo, tal y como ocurrió el domingo pasado con los astados de Jaral de Peñas lidiados en la Plaza México. Al final, como en las marcas comerciales, hay unas de lujo y otras que solo dan dolores de cabeza.


jesus.zarate@milenio.com